CATACLISMO

ESTE MAR LLAMADO MI ESPALDA de Carla Hayes

 

Este mar llamado mi espalda de Carla Hayes
Javier Cuevas del Barrio y Ariadna Ruiz Gómez

Este mar llamado mi espalda es un proyecto expositivo de Carla Hayes (mostrado en el centro cultural de arte contemporáneo La Térmica, Málaga, de octubre 2025 a febrero 2026) que propone una travesía visual y simbólica por los territorios de la memoria afrodiaspórica, el cuerpo racializado y las herencias coloniales que atraviesan el Mediterráneo contemporáneo. Comisariada por Javier Cuevas del Barrio y Ariadna Ruiz Gómez profesores de Historia del Arte de la Universidad de Málaga —y junto a la propia artista, integrantes del proyecto Desnortadas, del Instituto Universitario de Investigación de Género e Igualdad, IGIUMA y de la Red de Investigación en Arte y Feminismos RIAF— la muestra articulaba un conjunto de obras textiles, cerámicas, instalaciones y acciones performativas en torno al agua como archivo político, espacio de tránsito y superficie de duelo, un eje que podemos leer como hilo conductor de todo el proyecto.

El título dialoga con la emblemática antología feminista This Bridge Called My Back (1981) de Gloria Anzaldúa y Cherríe Moraga, desplazando la metáfora del puente hacia el mar. En la propuesta de Hayes, el agua conecta, arrastra y transforma donde se inscriben las historias de la diáspora africana, las migraciones forzadas y las violencias estructurales que aún configuran el presente europeo. El Mediterráneo deja de ser postal idílica para revelarse como frontera política y escenario de pérdida, pero también como espacio de resistencia simbólica.

La práctica de Carla Hayes se sitúa en la intersección entre lo íntimo, preciosista y lo político, combinando técnicas tradicionalmente relegadas a lo decorativo —el bordado, el tejido o la cerámica— con una relectura crítica del canon artístico occidental. La rafia, material central de la exposición, remite tanto a tradiciones textiles africanas como a un gesto de resistencia estética. Cada puntada funciona como inscripción de memoria, herida y reparación. Frente a la velocidad de la imagen mediática, el gesto lento del bordado se convierte en una forma de contraarchivo.

El proyecto se articula en torno a un conjunto de doce piezas que despliegan un recorrido coherente entre instalación, textil, cerámica, imagen intervenida y acción performativa. Junto a las obras de carácter narrativo y político más explícito, se incluyen dos trabajos sin título concebidos como espacios de experimentación material con la rafia en formato bordado, donde Hayes profundiza en sus ya característicos patrones de inspiración barroca, tensionando lo ornamental y lo crítico. A este eje se suma Herida de sal y Herida de azúcar, piezas que exploran los procesos de transformación de la fibra a través del teñido y la solidificación mediante cristalización del azúcar, generando superficies orgánicas que evocan cicatriz, erosión y memoria corporal. En su conjunto, las doce obras configuran una cartografía sensible donde la materia se convierte en archivo vivo de las experiencias afrodiaspóricas y decoloniales que atraviesan todo el proyecto.

Una de las piezas clave del recorrido expositivo es After Gentile Bellini, un tríptico que interviene mediante bordado una reproducción del Milagro de la Santa Cruz en el Puente de San Lorenzo (1500), del pintor veneciano. Hayes cubre parcialmente la escena para destacar un cuerpo negro casi invisible en el margen del cuadro, estableciendo un diálogo directo con dos noticias contemporáneas: la muerte de Mahmoud Bakhum en el Guadalquivir tras una persecución policial y el fallecimiento de Abdou Ngoum en Málaga, migrante senegalés, cuya imagen se hizo conocida cuando fue fotografiado abrazando a una voluntaria de la Cruz Roja tras llegar a la playa de Tarajal en Ceuta. La obra conecta pasado y presente para evidenciar la continuidad histórica de la vulnerabilidad de los cuerpos racializados frente al agua, transformando la historia del arte en un espacio de denuncia política.

La cerámica adquiere un papel igualmente crítico en El héroe, un mural de azulejos intervenido con rafia que recoge la imagen del joven guineano Mansour Konte rescatando a una mujer durante la DANA de 2024 en Málaga. La pieza cuestiona la construcción mediática del “migrante heroico”, figura celebrada solo cuando se asocia al sacrificio, mientras se invisibilizan las condiciones estructurales de exclusión. El uso del azulejo, tradicionalmente vinculado a la ornamentación y a la propaganda colonial portuguesa y andaluza, es resignificado como superficie de contrarrelato.

El proyecto se expande hacia lo performativo con Este mar I, II y III, donde Hayes encarna una figura híbrida de sirena inspirada tanto en la mitología europea como en Mami Wata y Yemayá, deidades acuáticas africanas y afrodiaspóricas. Con una cola confeccionada en rafia y plástico transparente, la artista sitúa su cuerpo en espacios portuarios de Lisboa y Málaga cargados de memoria colonial. Estas acciones, documentadas mediante fotografía y vídeo en colaboración con el artista Andrés Richarte, se presentan en la exposición a través de proyecciones y fotografías que amplifican su dimensión simbólica y política. La sirena aparece, así como cuerpo liminal, objeto de deseo, frontera simbólica y presencia incómoda que revela cómo la mirada colonial sigue operando sobre el cuerpo negro femenino.

La dimensión comunitaria se articula en Mantón-mar, una obra textil colectiva realizada junto a mujeres del colectivo malagueño afrofeminista Biznegra. A través del bordado colaborativo, la pieza reflexiona sobre la pertenencia, exclusión y construcción de memoria desde una ética feminista antirracista. El textil deja de ser ornamento para convertirse en espacio de encuentro, relato coral y acción política.

En su conjunto, Este mar llamado mi espalda construye una cartografía emocional donde materiales, mitologías y referencias históricas se entrelazan para disputar las narrativas hegemónicas de la modernidad europea. Hayes no se limita a insertar cuerpos racializados en el relato visual occidental, sino que reescribe sus marcos desde prácticas situadas, decoloniales y profundamente sensibles.

El proyecto de Hayes, desde una mirada crítica y relacional, se inscribe en una línea de trabajo que articula arte contemporáneo, investigación feminista y activismo cultural expositivo, en sintonía con los objetivos de Desnortadas. En este marco de trabajo compartido, y desde el centro mismo de la propuesta, en cada hilo, cada azulejo y cuerpo sumergido, Carla Hayes propone nuevas formas de imaginar pertenencia, visibilidad y reparación simbólica, transformando el gesto artesanal en lenguaje político y el espacio expositivo en lugar de memoria viva.

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