
LA TARTA DEL PRESIDENTE: UNA FÁBULA ÉPICA
AMBIENTADA EN EL IRAK DE 1991
María José Aranzasti
Nominada a numerosos premios, The president´s cake, 2025 (La Tarta del Presidente – Mamlaket al-Qasab) obtuvo en el Festival de Cannes la Cámara de Oro a la mejor ópera prima del director Hasan Hadi (Bagdad) y el premio el Público en la Semana de los Cineastas y representará a Irak este año en los Oscar 2026. Ha sido el primer director de cine iraquí premiado en el Festival de Cine de Cannes. Fue también una película destacada dentro de la Sección Perlas del Festival de Cine de San Sebastián en su 73 edición y obtuvo una puntuación por parte del público de 8,62 aventajando a otras importantes e interesantes películas.
La tarta del Presidente, ambientada en el Irak de los años 90, bajo la dictadura de Saddam Hussein es una fábula realista, una película de peripecias, de aventuras, de supervivencia de la protagonista de nueve años, Lamia (Baneen Ahmad Nayyef), acompañada de su gallo Hindi y de su amigo Saeed en búsqueda de los ingredientes para preparar una tarta de cumpleaños para el Presidente Saddam Hussein.
La película se encuentra en cartelera esto días y los espectadores asistimos a través de la mirada de esta niña al mundo que le rodea y a los peligros que acechan a Lamia, hasta un intento fallido de agresión sexual. Los habitantes de Bagdad sobreviven también a las carencias que tienen que sortear diariamente en el Irak de 1991: la falta de agua por ejemplo que mitigan los habitantes de esta gran urbe a través de bidones y cubos viejos por “el favor” de concesión del Presidente y una miseria acuciante que se palpa en el medio rural en el que habitan los protagonistas, enmarcado en un bello paisaje natural. No hay que olvidar que Irak estaba sometida a fuertes sanciones internacionales tras la invasión de Kuwait por parte del ejército iraquí.
Cartel de la película La tarta del presidente
El espectador se ve envuelto en un intrincado laberinto de calles y recovecos y se convierte en partícipe de esta fábula que va construyendo un relato donde la ingenuidad, la bonhomía, la solidaridad y la honestidad de la protagonista y la de su amigo afloran. Lamia deambula por toda la ciudad para adentrase de lleno en su vorágine, en la aventura de búsqueda de esos ingredientes fundamentales para la tarta: huevos, harina, levadura, azúcar junto a otros ingredientes que, aunque son productos básicos, eran muy difíciles de encontrar en la Irak de la década de los 90, en plena guerra del Golfo.
Y así nos descubre al espectador los controles policiales a los que se ven sometidos los habitantes de la ciudad, peticiones de donaciones para sufragar los gastos del Presidente etc. Aunque suele ser arriesgado hacer películas con niños de protagonistas, esta fábula nos resulta emotiva al discurrir las peripecias de Lamia y Saeed entre la ingenuidad y la sinceridad que caracterizan siempre al mundo infantil. La búsqueda de la niña por parte de la abuela Bibi refleja escenas de desamparo al no recibir la ayuda necesaria. La propaganda política, el miedo, la obligación a la obediencia y la represión afectan a todos los personajes de la película.
Hasan Hadi, su director es también el guionista de la película de 105 minutos, rodada en árabe y quiso dar cuenta de un episodio de su infancia, de donde parte la creación de esta película ubicada en un Irak llena de sanciones en la década de los 90. A pesar de su contenido potente, el director no se ha recreado en la miseria y la película alberga una luz muy luminosa que desdramatiza de alguna manera la situación. Los paisajes corresponden a las marismas del sur de Irak, entre los famosos ríos que nos remontan a Mesopotamia, el Tigris y el Éufrates, paisajes de canales, cañas y pueblos tradicionales y la urbe es Bagdad y sus alrededores, con mercados, calles en las que bulle la vida y una gran densidad de habitantes, por lo que sus localizaciones son reales, no son decorados.
Una de las escenas de la película con Lamia, la protagonista y su gallo Hindi
El propio director ha revelado sus referentes que ha tenido presentes para rodar esta película: el neorrealismo italiano de Vittorio de Sica, Angelopoulos, Antonioni, el realismo mágico de Víctor Eríce y Kiarostami. Y a pesar de la miseria y pobreza que campan en la película hay también humor, humanidad, alegato a la amistad y muchas dosis de ternura. Hasan Hadi recibió una beca en 2017 para estudiar en Nueva York y regresó a Irak para realizar in situ esta película con muy pocos recursos e infraestructuras. Tenemos los espectadores la oportunidad de viajar de la mano de Lamia al Irak de esta película y dejarnos llevar por la emoción y la ternura, tan necesarios en estos momentos, en este complejo y aturullado mundo en el que vivimos, en el que desgraciadamente la expansión de los dictadores y del fascismo es cada vez mayor. Por eso, la que suscribe agradece a los Festivales de Cine Internacionales, en este caso al de San Sebastián, después de la proyección tan exitosa en Cannes de películas como esta, tan sugerentes y que nos aportan y enriquecen tanto como seres humanos de este mundo.













