
CUESTIÓN DE AMBIENTE. DIVERSIDAD EN EL AMBIENTE LITERARIO Y ARTÍSTICO DE LOS AÑOS 20
Redacción
Este año anómalo, la programación LGTBI+ se echa de menos. Mientras los medios de masas han redoblado sus esfuerzos para hacer pedagogía sobre una Ley desde su origen polémica y que todavía tendrá que tramitarse en el Parlamento, las instituciones artísticas brillan por su ausencia.

Excepto el madrileño Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, donde se presentó el programa de esta edición, coordinado por el comité organizador del Orgullo LGTBI de Madrid (MADO) y al que acudió la vicealcaldesa de la capital, Begoña Villacís. En el Thyssen se ofrece el recorido temático Amor diverso. Y paradójicamente, en CentroCentro del Ayuntamiento -que este año no luce la bandera arcoiris- se puede ver la única muestra de temática gay en Madrid.
Pese al formato «kiosko», su comisario Joaquín García Martín (director de garcía/ galería) ha montado una exposición rigurosa e interesantísima sobre el ambiente atístico-literario gay en Madrid en los años veinte, hace un siglo. La neutralidad española durante la Gran Guerra convierte a la capital en un punto de encuentro e intercambio en donde confluye todo lo que es nuevo y moderno. A través de una serie de biografías de personajes, casi todos relacionados entre sí por lazos personales y de amistad, Cuestión de ambiente reconstruye aquella ciudad, donde escritores, pintores, ilustradores o figurinistas se relacionaban con cantantes y bailarinas.
Son los años en los que Álvaro Retana y Antonio de Hoyos escriben historias de personajes ambiguos y pansexuales. Su amiga Tórtola Valencia baila con vestuarios diseñados por José Zamora revolucionando la danza contemporánea. Edmond de Bries triunfa en los mejores escenarios de la ciudad con sus espectáculos a lo que asiste incluso la Reina Victoria Eugenia. Es el momento en el que se produce el paso del Modernismo a las vanguardias históricas, en el que llegan a la capital los poetas de la Residencia de Estudiantes, publican sus primeras obras y viven sus primeras relaciones. Vicente Alexandre, Luis Cernuda, Emilio Prados y Federico García Lorca se conocen, se tratan, hablan de poesía y del amor hacia otros hombres. El pintor Gregorio Prieto los retrata y la escenógrafa Victorina Durán comparte estudio con otros jóvenes artistas como ella, realiza sus primeras exposiciones, tiene sus primeras relaciones sexuales con mujeres…
Destacamos cuatro figuras ligadas al transformismo y al teatro.

EDMOND DE BRIES
Arsenio Marsal Martínez (Cartagena, 1897 – ¿?), de nombre de arte “Edmond de Bries”, fue sin duda el más famoso transformista de su tiempo y los años 20 el mejor momento de su carrera. Había iniciado su trayectoria teatral como Salmar, actuando en círculos provinciales y aprendiendo el oficio sobre la marcha, pero al inicio de la década es ya una estrella consagrada.
Si bien en sus comienzos imita a las artistas conocidas como Raquel Meller o la Fornarina, pronto reúne un repertorio de canciones propias que gira por los mejores teatros nacionales. A su presentación en 1920 en el teatro Fuencarral, con un aforo de 2.500 personas, acude incluso la reina Victoria Eugenia. Sería en esos años cuando conoce a Álvaro Retana quien escribirá para él algunas de las canciones que le harían más popular como, “Las tardes del Ritz”, “La cocaína” o “La japonesita”.
Era especialmente famoso por su vestuario escénico que diseñaba y confeccionaba el mismo. De hecho, la de modisto, sería su segunda profesión con una abundante clientela femenina. La prensa más mojigata achaca a este hecho su éxito entre las mujeres que acudirían en realidad a admirar sus creaciones. De entre los múltiples espectáculos de transformistas en el Madrid de la época, el suyo es, de lejos, el más brillante, lujoso y sofisticado.
En la segunda parte de la década, de Bries comienza a realizar giras internacionales con presentaciones en París y Berlín. Luego llegaría el salto a las Américas triunfando a lo largo de cuatro años en Cuba, Argentina y Nueva York. Son famosos también sus altísimos salarios y multitud de admiradores, entre los que se incluyen aristócratas o personalidades del mundo de la cultura.

VICTORA DURÁN
Victorina Durán (Madrid, 1899 – 1993) es la gran pionera de la escenografía en España y uno de los nombres fundamentales en la profesionalización de esta especialidad. Procede de un ambiente burgués y cuando su familia le impide dedicarse a la actuación, decide encaminar sus pasos al otro lado del escenario.
Fue de las pocas alumnas que había en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid y se mueve en un ambiente de estudiantes, con una vida social en la que se mezclan con naturalidad hombres y mujeres, algo muy inusual en su tiempo. Conoce a Maruja Mallo, a Salvador Dalí y a Rosa Rachel y a Timoteo Pérez Rubio.
En 1925 participa en la Exposición Internacional de Artes Decorativas en París, ciudad a la que viaja en varias ocasiones y donde conoce las novedades aportadas de las vanguardias internacionales. Trabaja en el Museo Nacional de Artes Industriales en un entorno predominantemente masculino.
Junto con su amiga Matilde Calvo Rodero abre un estudio en el que ensayan distintas prácticas artísticas. Atentas a las novedades en el campo del arte incluso tienen un pequeño laboratorio de fotografía y se especializa en la técnica del batik.
En estos años realiza exposiciones en distintas instituciones y en 1929 se convierte en la primera mujer en conseguir la cátedra de Indumentaria del Conservatorio Nacional de Música y Declamación y comienza su colaboración con Rivas Cheriff en el recién fundado TEA (Teatro Escuela de Arte). Será también una de las primeras socias fundadoras del Lyceum Club Femenino.
Con la publicación de las memorias de Victorina Durán, Mi vida. Sucedió, el público tuvo acceso a la narración de una peripecia vital única: el testimonio de una mujer del siglo que asiste y participa de los principales cambios de su tiempo. Pero la parte mas singular es sin duda la narración de su vida sexual y sentimental. Existen pocos relatos similares. No sabemos con exactitud ni cómo ni cuándo lo escribe pero, parece claro, que empieza a tomar notas desde los años 30 y que estás probablemente se basan sobre diarios suyos prácticamente contemporáneos a los hechos. Desde su primera experiencia sexual, Victorina no experimenta ningún tipo de duda, culpabilidad o remordimiento sino que asume su homosexualidad desde un punto de vista abierto y natural. Sin complejos.

TÓRTOLA VALENCIA
Carmen Tórtola Valencia (Sevilla o Barcelona, 1881 – Barcelona, 1955) encara en esta década los últimos años de su vida artística aunque todavía no lo sabe. Ya ha quedado atrás el gran momento de las bailarinas exóticas en el que comenzó su carrera pero, en su caso, aún está por realizar su gran aportación a la danza contemporánea. Son los años de la fama planetaria, de las grandes giras internacionales, de los salarios fabulosos pero sobre todo son los de las coreografías “antropológicas” en las que, con las excusa de las artes primitivas, termina de liberar el cuerpo de los últimos restos de las armaduras decimonónicas.
Igual que en la calle había abandonado el corsé, sobre el escenario, independiza el movimiento de las codificaciones del ballet en una progresión sobre el legado de Isadora Duncan y Loie Fuller. El cuerpo para Tórtola está en constante construcción y ésta se lleva a cabo a través del gesto.
Coleccionista de arte, sobre todo oriental y precolombino, pintora ella misma, se relaciona con la clase intelectual de su época en el único papel que se le permite a una mujer: el de musa. Convertida en icono sabe jugar su rol de esfinge inalcanzable aunque en su relación con Antonio de Hoyos y José Zamora se deja ver una Tórtola humana, que baila por las calles y se pierde en la noche de Madrid.
Como buena estrella de su género Tórtola compartía con otras bailarinas el origen mitológico y los amantes de alto rango: aristócratas, príncipes, reyes… sin que nunca se probara relación alguna con ninguno de ellos. En privado vivía su homosexualidad con gran naturalidad y es en 1928 cuando conoce a Ángeles Magret Vila, su secretaria, su heredera, su compañera el resto de su vida y que seguirá a su lado cuando abandone la danza en 1930.
La imagen de Tórtola Valencia fue un verdadero icono en su tiempo. Reproducida en multitud de ocasiones en dibujos y pinturas encarna físicamente el ideal de belleza femenino de su época. Los ojos brillantes maquillados con kohl, el perfil afilado y su famosa sonrisa son admirados por poetas y escritores. Tuvo una especial relación con la fotografía, medio que le fascinaba. Es probablemente la mujer mas fotografiada en España en estos años.

ANTONIO DE HOYOS Y VINENT
La amistad entre el escritor Antonio de Hoyos y Vinent (Madrid, 1884 – Porlier, 1940) y Tórtola Valencia es un ejemplo de complicidad, devoción y apoyo mutuo a lo largo de más de 20 años. A principios de siglo forman, junto con José de Zamora, un trío habitual por las calles de Madrid a la salida de los teatros, de café en café, hasta el amanecer. En este tiempo son constantes las publicaciones con las que Hoyos ensalza la figura de Tórtola. Será su mayor defensor en la prensa, no sólo por su calidad como bailarina, sino también por encarnar un ideal de mujer típico del Simbolismo y del Decadentismo, que es también el suyo propio. Las mujeres en las novelas de Vinent son como Tórtola, incluso antes de haberla conocido. En 1915 le dedica una novela construida alrededor de esa figura femenina idealizada, La zarpa de la esfinge. En un cierto momento se hablará también de un matrimonio entre ambos. Teniendo en cuenta que la homosexualidad de él era públicamente conocida y la de ella se sabía abiertamente, sólo podemos pensar en una relación de afecto y complicidad por encima de las convenciones sociales.
Cuestión de ambiente. Diversidad en el Madrid literario y artístico de los años 20, CentroCentro, Madrid. Del 24 de junio al 24 de octubre de 2021.













