CATACLISMO

UNA HISTORIA DEL MUNDO

Chain Reaction Belt, 2025

Una historia del mundo

Para Cristina Lucas, por Recuerdos colectivos y futuros conscientes

Menene Gras Balaguer

El proyecto que quizá ha sorprendido más de la última Apertura de galerías de Madrid el pasado septiembre ha sido el de Cristina Lucas en la galería Albarrán Bourdais, sin que por decir esto se invaliden otras propuestas coincidiendo con esta que también han sido de interés. La gran exposición que reúne el último trabajo de la artista es una historia del mundo para nuestra educación sentimental en tiempos convulsos, siempre inacabada ante la velocidad de los medios y la sensación de ubicuidad que la tecnología nos hace experimentar a diario. Una historia que nos obliga a preguntarnos quiénes somos, qué somos, qué seremos en un futuro cada vez más cercano o en un futuro que ya no es futuro y a repensar la existencia humana desde la aparición de la máquina. Lo primero que quiero destacar es la video instalación de 1100 cm de longitud por 400 cm de alto, situada en la tercera planta de la galería, resuelta con dos proyectores sincronizados que crean la unidad narrativa entre la imagen en movimiento y la fotografía, mientras ambas se desplazan encima del muro que hace las veces de pantalla, de derecha a izquierda. El sentido de la circulación de las imágenes pauta la percepción del movimiento evocando los antiguos proyectores domésticos de manivela que generaban la imagen tiempo. El deslizamiento literalmente garantiza una especie de time line a partir de un barrido horizontal entre los dos proyectores que reproducen una narrativa única sin transiciones ni rupturas haciendo que la continuidad parezca derivarse de un plano secuencia. De hecho, el modo en que ha sido concebida la imagen tiempo recuerda la historia del cine desde la linterna mágica hasta el cine mudo acompañando aquí las Cuatro Revoluciones Industriales que forman parte de la historia de nuestro mundo.

La información que nos transmite la historia es imprescindible para conocer nuestro presente y corregirlo, pero más que esto, la artista ha querido hacer una historia del mundo recuperando el archivo, como si su intención fuera crear la posibilidad de una Gesamtkuntswerk, obra de arte total, integrando diferentes elementos y disciplinas con el objeto de abordar una temática universal. Se trata de una historia del mundo que se nos narra, a partir de la investigación histórica y del archivo, parta construir y reconstruir nuestros antecedentes y el de una sociedad a la que las sucesivas revoluciones industriales desde la primera mitad del siglo XVIII han ido mutando. El visitante ha tenido acceso a un repositorio de imágenes con las que se construye un gran relato de relatos sin utilizar la voz ni la palabra. El ruido de las máquinas basta para acompañarlas, cumpliendo la función de narrar una gran historia que llega hasta nuestros días.  Las máquinas son las que moderan el tiempo y la velocidad de la vida al igual que la velocidad de la comunicación, la transmisión y el movimiento de la información. La sucesión de las imágenes en el video que ha realizado Cristina Lucas es vertiginosa, y el valor testimonial de las mismas indiscutible. Hacer el acopio de imágenes, seleccionarlas, organizarlas y distribuirlas, o disponer el orden de aparición y hacer que nos hablen no ha sido fácil. En cierto momento, parece como si la artista recuperara el lenguaje del cine mudo, ante el poder que les concede, para que digan lo que ella quiere que nos digan. La fascinación del espectador ha sido asombrosa más allá de las diferencias que existen entre los públicos por lo general, sin conocerse resistencia por su parte ni actitudes opuestas, pese a las posibles discrepancias que hayan podido darse. No dejo de preguntarme cómo lo ha conseguido y no es sólo por las imágenes que ha reunido, ni por lo que estas sugieren con su testimonio y lo que evocan por tratarse de recuerdos colectivoscon los que nos identificamos, sino más bien porque se trata de una historia universal que compartimos, y de la que nos sentimos partícipes de una forma u otra.

Chein Reaction Belt (2025) es el nombre de este video, que tiene una duración de 51´ 28” 20f, en el que la artista ha unido imágenes de archivo, buscadas y encontradas en hemerotecas y bibliotecas, algunas reconocibles, otras no tanto. Fotografías superpuestas a las imágenes en movimiento discurren fluidamente durante casi una hora, gracias a un montaje que las ha puesto en relación, como si se tratara de un ejercicio lingüístico para narrar nuestra historia y la historia del mundo. El espectador se convierte en una especie de lector de las imágenes que ve, haciendo simultáneamente un viaje inmersivo en el pasado y en el presente, desde donde podemos pensar el futuro. No sé realmente si podemos llamar futuros conscientes a las representaciones que concebimos del futuro, simplemente con la experiencia de nuestra propia visión del mundo que heredamos de nuestro pasado y nuestro presente. ¿Cómo interpretar lo que está por venir, si nuestras visiones representan el futuro más bien como una sucesión de paisajes distópicos y apocalípticos, en los que la humanidad carece de fuerza para evitar la desolación y la destrucción de todo lo que ha creado? ¿Podemos hacer algo para evitar el fin del mundo cuando lo siniestro cubre poco a poco como una gran nube oscura todo lo que nos rodea y las crisis endémicas perpetúan el malestar social? El género fantástico siempre se anticipa al futuro, aunque nos cueste creer lo que nos dicen las imágenes que lo iluminan apoyándose en los temores más inquietantes acerca de lo que pueda ocurrir.

Las cuatro revoluciones que se han producido desde la Primera Revolución Industrial hasta el día de hoy parecen exigir una definición del término revolución que la artista identifica con un giro más o menos radical que afecta en cada época de la historia costumbres, usos y una puesta al día de la tecnología, de la que suele depender el estado de las comunicaciones de los países industrializados. Pero no pasa desapercibido que la artista también nombre la palabra rotación por cuanto queda asociada al funcionamiento mecánico de las primeras máquinas. Su narrativa arranca del gran impacto social de la aparición de la primera máquina de vapor a partir de 1769 cuando James Watt construye el primer motor a vapor con cámara de condensación externa, aunque no se fabrica hasta 1772. El hierro se convierte en esta etapa en la materia prima más apreciada y el carbón, en la principal fuente de energía. Sus aplicaciones en el transporte de mercancías y en la movilidad de las personas ejerce una transformación social decisiva. Aparecen el ferrocarril y el barco de vapor, pero también el telar mecánico, que transforma de arriba abajo la industria textil. Sin la máquina de vapor no habría habido Revolución industrial y sin revolución industrial no habría habido Revolución francesa, ni ninguna otra revolución social posterior a esta.

La historia del mundo se plantea en este proyecto a partir de las cuatro Revoluciones Industriales, que desde 1712 hasta el presente se han sucedido causando grandes transformaciones sociales y haciendo girar el planeta cada vez más deprisa. La invención de la máquina y el optimismo tecnológico e industrial que genera el progreso en las ciencias particulares y en la técnica inunda occidente, sin dejar de exacerbar el debate entre antiguos y modernos, ni la lucha de clases. Para Marx, la fuerza motora de la marcha progresiva de la historia está en manos de un proletariado que identifica con las fuerzas productivas de la humanidad, y al que no teniendo la propiedad de los medios de producción sólo le queda vender su fuerza de trabajo. En este periodo es cuando el médico filósofo Julien Offray de La Mettrie (1709-1751) escribe El Hombre-máquina (1748), poniendo de relieve la imposibilidad de mantener el dualismo que filósofos y teólogos sostenían en defensa de la convivencia de un cuerpo material y un alma espiritual, e inmaterial, ilocalizable en ninguna parte del cuerpo humano. La Mettrie es quizá quien, rechazando la especulación metafísica y basándose en una antropología estrictamente empírica, llevó más lejos en el siglo XVIII la comparación del cuerpo humano con una máquina, que el progreso en la investigación científica hizo posible conocer, al igual que se podía arbitrar el funcionamiento de cualquier aparato mecánico. El modelo para concebir el hombre-máquina fueron los animales máquina de Descartes (1596-1650), pero a diferencia de este filósofo que representa la aparición de la filosofía moderna, La Mettrie trata de mantener la continuidad entre los animales y el cuerpo humano. No quiero extenderme, pero el materialismo filosófico deriva del impacto de esta primera gran revolución industrial en Francia, que agita a los desposeídos contra un sistema de producción que trataba de legitimar la desigualdad y la pobreza extrema de las masas de trabajadores que en 1789 derribaron el Antiguo Régimen. La abolición de la monarquía de derecho divino seguida de la proclamación de la República confirmó que había otro mundo posible y que la voluntad general a la que apelaba Rousseau (1712-1778) podía desempeñar su papel en defensa de la igualdad y de los derechos fundamentales, entendiendo que de esta dependía el establecimiento de la democracia en el futuro.

La invención de la electricidad y el petróleo, aliados imprescindibles de las aplicaciones de estas fuentes energéticas en sectores clave de la producción industrial, caracterizan la Segunda Revolución Industrial. Precedida de la publicación del Manifiesto Comunista y la Revolución de 1848, el período que abarca tentativamente va de 1850 a 1943 o 1945 según los historiadores. Tiempos revueltos que desencadenan la sublevación contra el absolutismo, la lucha de clases y la insurrección de un proletariado víctima de la crisis económica y de la precariedad de las condiciones laborables, unida a la ausencia de los derechos fundamentales de las clases trabajadoras. En este espacio de tiempo, tienen lugar la primera y segunda guerras mundiales, que partirán en dos la antigua Europa y acabarán con los imperialismos coloniales de Occidente. La Tercera Revolución, que va de 1945 a 1997, ensaya la bomba atómica cuya explosión en Hiroshima y Nagasaki pone fin a la II GM y al imperialismo japonés en el continente asiático, y la Cuarta Revolución Industrial se extiende desde el año 2000 al 2030, donde la artista prevé el envío de los primeros humanos a Marte y mantiene la visión de un sistema nervioso global desde el que se pone en práctica un control de la producción, de la sociedad y de sus individuos, cuyos datos este mismo sistema obtiene y procesa aprovechando la información que los mismos usuarios de internet generan. La sociedad del bienestar en esta etapa del desarrollo industrial no carece de optimismo, pero a la vez sólo ve ante sí un futuro distópico que el Big Data ha propiciado. Lo siniestro gana terreno a la esperanza de un mundo mejor a pesar de la optimización de los procesos de transformación económica, científica, tecnológica y social que nos permite imaginar una quinta revolución tan importante como las anteriores a través de los sistemas ciberfísicos, el desarrollo de la inteligencia artificial y la robótica, que ya estamos experimentando en todos los campos, donde los humanos conviven y trabajan con las tecnologías avanzadas y los robots.

En este gran repaso de la historia universal que hace la artista a partir de las cuatro Revoluciones industriales, se entiende que lo que le interesa mostrar a través de las imágenes que ha reunido es que, cuando se habla de las cuatro Revoluciones Industriales, se debe tener en cuenta que las transformaciones se producen no sólo en el ámbito industrial sino también en la política, la economía, la sociedad, junto con el desarrollo tecnológico y científico, la cultura y la ética. El impacto de estos procesos es tan universal en la actualidad como global es esta sociedad donde la velocidad del transporte físico y de internet ha conseguido suprimir las distancias físicas. La información que la artista trata de entregarnos es enciclopédica, y la misma abundancia de imágenes existentes ha obligado a organizar su distribución en ocasiones superponiéndolas incluso para hacerlas caber y no descartarlas, cuando lo que dicen no puede eludirse. Entender que las cuatro Revoluciones industriales forman parte de nuestro pasado y de nuestro futuro parece ser uno de los objetivos de este proyecto en el que Cristina Lucas se ha involucrado por completo consiguiendo cartografiar y transmitir una información que nos concierne y requiere aplicar el método de cualquier analítica de datos para transformarla en conocimiento. Aquellos a los que nombra en el gran esquema que elabora para el guion de este proyecto audiovisual inaudito que ha construido muestran sus preferencias a la hora de concebir a los intérpretes del clima social existente en cada uno de los períodos comprendidos entre las cuatro revoluciones. Al nombrar a Rousseau y El Contrato social o Principios del derecho político (1762), de hecho, ya está haciendo una elección y mostrando cierta afinidad con el tratado de filosofía política de este pensador, en defensa de la igualdad y la libertad de todos los hombres, y de un Estado de derecho que garantice ambas condiciones instituido en virtud de un contrato social. Los cuatro libros que componen el volumen arrancan de un principio fundamental y es que los hombres nacen libres e iguales y les corresponde defender su condición, sin someterse nunca a los poderes político y económico que les privan de la libertad y la igualdad que la naturaleza y el derecho natural les concede.

El anciano de los días (William Blake)

Completan esta historia de nuestro mundo una escultura y varias pinturas distribuidas estratégicamente en el espacio expositivo. La primera es una escultura que no puede pasar desapercibida al ingresar en la galería, cuyo título El anciano de los días (William Blake) arrastra consigo la herencia de un simbolismo desde su misma creación por parte de este poeta, pintor, ilustrador y grabador británico de la segunda mitad del siglo XVIII hasta el día de hoy. La obra que hizo Blake representa a Urizen, un personaje creado por él, que identifica a una especie de demiurgo o instancia divina que ejerce las veces de creador del mundo y gran arquitecto del universo. La imagen concebida por este admirador de Miguel Angel en 1794 es un grabado al aguafuerte posteriormente coloreado con acuarela que la arista no reproduce, sino que simplemente hace una interpretación minimalista acorde con el objetivo de su proyecto. Ella no representa a Urizen como el dios creador que encarna el anciano de los días, sino como un artilugio mecánico, al estilo del poeta considerado también un visionario. Este artefacto, hecho con material de fontanería, adopta forma escultórica hecha de carbón, hierro y vapor, haciendo referencia a la primera Revolución industrial, y a la aparición del Antropoceno, entendiendo que el progreso no puede evitar las implicaciones del impacto de la huella humana en la tierra, que es la causante de la alteración de los sistemas geológicos, atmosféricos y biológicos, y de los ecosistemas del planeta.

Ancestros. Destellos oscuros del cuerpo sin órganos

Los materiales que se emplean comúnmente para la construcción se adaptan a la intención de la artista y a los formatos de sus pinturas hechas con materiales industriales y presentadas de un modo muy poco convencional, en algunos casos a modo de pantallas flotantes que sostienen andamios hechos con tubos de hierro, como en Ancestros. Esta composición consiste en un tríptico de gran formato, de tonalidades negras y grises, que se descomponen a su vez en fragmentos que se rompen al chocar entre sí, evocando dramáticamente la noche del mundo. Realizada con materiales de los que está hecha la propia pintura a partir de derivados del petróleo y de la industria petroquímica, se nos indica la existencia de las correspondencias que en esta obra y en las siguientes se busca entre aquellos y su papel en cada una de las Revoluciones Industriales, como sucede con los materiales que remiten a la generación de electricidad y el uso de combustibles fósiles, a partir de la segunda Revolución industrial. Se trata de pinturas de gran formato que llaman la atención por el lenguaje estético no verbal mediante el cual se insinúa la interpretación de la información que brindan materiales y formas pictóricas. Sucede algo parecido con Destellos políticos del cuerpo sin órganos, serie de tres pinturas hechas a partir de combustibles fósiles y sus derivados petroquímicos sobre tabla (180×120). El nombre de estas composiciones abstractas sugiere ser tenido en cuenta a raíz del sonido que se desprende al invocar la figura del cuerpo sin órganos, unida a una pintura que no necesariamente es una representación explícita de lo que este significa. Al decirse, no obstante, la intencionalidad de la artista se hace eco de lo que era para Artaud el cuerpo sin órganos y la primera vez que este lo menciona en 1947 para identificar un cuerpo liberado de dios y con dios de sus órganos. Y de igual modo de lo que significa para Gilles Deleuze y Felix Guattari en Capitalismo y Esquizofrenia, El Anti-Edipo (1972), y en La lógica de la sensación (1981) que Deleuze dedica a Francis Bacon y en particular a los tres estudios que hizo el pintor para su autorretrato. La importancia de este cuerpo sin órganos, como construcción metafísica en la sociedad del control es que su liberación trasciende la mera libertad individual para imponerse socialmente. El cuerpo sin órganos no significa que el cuerpo carezca de órganos, sino de un organismo que dirige, ordena y regula al individuo y la sociedad, y desde esta perspectiva su identificación propone la abolición del orden orgánico esencial de la realidad. Las conexiones que derivan de esta y otras asociaciones deliberadas que hace la artista son indicativas de su interés para completar la historia del presente, sin olvidar aquellos referentes que han sido imprescindibles para comprender el mundo en el que vivimos.

Silicon Apples of the Moon (adaptación de Morton Subotnick)

Es también el caso de la serie Silicon Apples of the Moon (adaptación de Morton Subotnick), que nos anima a explorar la alusión a Silver Apples of the Moon que compuso en 1967 el norteamericano Morton Subotnick (Los Angeles, 1933), pionero en el desarrollo de la música electrónica y de la performance multimedia. La mención no es banal teniendo en cuenta quién es este músico, que empezó su trayectoria tocando el clarinete y escribiendo música para orquestas de cámara. Yo me moví mucho tiempo entre dos mundos: el de la música clásica y la música que la gente decía que no era música. A esto Subotnick, que comparaba a los compositores con escultores y pintores, agregaba que le fascinaba la idea de crear una nueva música clásica haciendo uso de las nuevas tecnologías y sus aplicaciones. El álbum que la artista adapta es el primer trabajo electrónico que le encargó a él una compañía discográfica y con el paso del tiempo se ha convertido en una leyenda. La experiencia de la música cobró con él el interés que suscitan los nuevos sonidos que el primer sintetizador contribuyó a crear. Las composiciones de esta serie están hechas a partir de componentes electrónicos, silicio, cobre y resinas sobre tabla, en correspondencia con la Tercera Revolución Industrial. La primera es un tríptico de colores muy vivos que insinúan los nuevos sonidos que ya forman parte de toda una época que no retrocederá nunca. A las pinturas negras de la serie anterior, propias de un pesimismo de fin de siglo, se suceden los grandes y medios formatos, que parecen identificarse con la esperanza de un cambio social y la transformación de los lenguajes estéticos dominantes.

D.A.N.C.E (Dynamic Algorithm Neural Creative Evolution)

La tercera y última serie de composiciones que se expone, D.A.N.C.E (Dynamic Algorithm Neural Creative Evolution) está hecha de componentes electrónicos de última generación, cobalto, litio, níquel, zinc y litio, que se utilizan para la fabricación de pantallas, y manganeso, silicio, cobre y resina sobre acrílico transparente. Además del tríptico de gran formato que sujeta una estructura de tubos de hierro como en los trípticos ya mencionados, otras estructuras de apoyo parecidas soportan en solitario otras tres superficies transparentes pintadas con estos materiales. Semejantes composiciones se corresponden con la Cuarta Revolución que ella identifica con el big data, el procesamiento de datos, el control social, la pérdida de libertad y el uso exponencial de pantallas y cámaras para la vigilancia permanente. Las superficies transparentes evocan La sociedad de la transparencia (2012) de Byung Chul Han, que explora las connotaciones de una transparencia que por último se propone hacernos creer que somos libres pese a ser víctimas de la explotación del Capital al que servimos, convencidos de que es a la inversa. La transparencia de una sociedad se mide en base al flujo de información que los poderes públicos y privados hacen accesible a la ciudadanía, con el objeto de contar con su participación en la gobernanza para una gestión más horizontal y participativa por parte de los diferentes actores sociales, el Estado, el mercado y la sociedad civil.

Noise Growing Old, Big Data

Los cuatro dibujos (técnica mixta sobre papel) que se incluyen a continuación, Noise Growing Old, Steam; Noise Growing, Ford; Noise Growing Old, Big Data y Noise Growing Old, Microchips, ponen fin al proyecto expositivo. No puede pasar desapercibido que hasta aquí todas las obras reunidas que lo configuran se han realizado en 2025. Los dibujos que se mencionan también recurren al gran formato (200x150cm) y se apoyan entre sí con el resto de las composiciones que se han mencionado. La intervención de la artista ha consistido básicamente en superponer su intervención a la de dibujos pertenecientes a patentes que han contribuido decisivamente al diseño de nuevas máquinas o de productos específicos y al desarrollo industrial y tecnológico siempre ascendente. A modo de ejemplo se citan los dibujos de Lucas sobre la patente de la máquina de vapor hechos con hierro y carbón o sobre la patente de centros de datos, con litio y cobalto, teniendo en cuenta lo que estos materiales significan. Rocío de la Villa, que escribió sobre este trabajo para El Cultural en cuanto se inauguró, me comentaba hace unos días que este gran proyecto expositivo era más propio de un museo y que pocas veces hemos visto una obra que nos invite a pensar tan intensamente lo que vemos. Quizá la invitación de la artista consiste en un desafío que no nos deja indiferentes y nos obliga a explorar y descubrir nuestro mundo, a partir de imágenes y referencias ineludibles que hablan de las Cuatro Revoluciones Industriales y de nuestra participación en las transformaciones que se han sucedido desde la primera hasta la última.

Cristina Lucas, e-conmotions. Recuerdos colectivos y futuros conscientes. Exposición celebrada en la galería Albarrán Bourdais, Madrid, del 11 de septiembre al 25 de octubre 2025.

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