CATACLISMO

PILAR GARCÍA ESCRIBANO, LA PINTORA DE LA RIBERA

Pilar García Escribano en su estudio de Murchante (Navarra)

PILAR GARCÍA ESCRIBANO, LA PINTORA DE LA RIBERA
Asun Requena Zaratiegui

El periodo histórico en el que se formó Pilar García Escribano supuso el despegue de la pintura realizada por artistas navarras y el reconocimiento de la Escuela de Artes y Oficios como la mayor institución de la comunidad donde podían acceder a formarse mujeres y hombres. A partir de los años 50, se produce un cierto avance, de poder acceder solamente a la rama ornamental del arte, las mujeres pasaron a ocupar su lugar en las clases de dibujo y pintura. Entre ellas había mujeres jóvenes que accedían a partir de los dieciséis años y mujeres casadas con hijos que querían seguir con su formación, aceptando muchas veces los desdenes de los maestros por su género y en otras ocasiones sus alabanzas por el trabajo bien hecho. El momento político tampoco era fácil, puesto que el exponerse públicamente tanto artísticamente como reivindicativa. Eran tiempos de abstracción y lo más clásico y lo más moderno se mezclaba en sus aulas. Alguna de estas mujeres serán profesoras posteriormente de la Escuela de Artes y Oficios de Pamplona o en academias privadas y tendrán sus propios talleres. Ellas trasmitirán sus técnicas personales a su alumnado, además de dignificar la abstracción frente a la figuración. Esta “generación” la formarán: Isabel Peralta, Valle Fernández de Lesarri, María Jesús Arbizu, Isabel Baquedano, Merche Goñi, Sagrario San Martín, Alicia Osés, Blanca Razquin, Amaya Aranguren, María José Recalde, Teresa Izu e Iruña Cormenzana. En paralelo se formarán en privado artistas como Pilar García Escribano. Este momento histórico supondrá un paso adelante en la normalización de las mujeres en el aprendizaje artístico, aunque el reconocimiento económico será meramente simbólico y mucho menor que el de sus compañeros. La creación de instituciones propias para la protección y el desarrollo del patrimonio otorgaba prestigio y supuso en Navarra una temprana legislación al respecto. Por orden de antigüedad encontramos a: patronatos, gremios y cofradías, Diputación de Navarra, Patronazgos privados como el de Florencio Ansoleaga y la condesa de la Vega del Pozo (1852-1916), Institución Príncipe de Viana, Ayuntamientos, Escuela de Artes y Oficios de Pamplona y otras redes municipales. La Diputación de Navarra crea el primer Instituto de Enseñanza donde se impartía dibujo al natural y lineal en 1873. La condesa nació en Madrid y vivió también en Guadalajara, Sevilla y Burdeos donde murió, pero estuvo vinculada por su familia con Navarra, en concreto con la población de Dicastillo. Era conocida por sus obras de beneficencia. La Institución Príncipe de Viana, fundada en 1940, sigue realizando su labor de protección del patrimonio y su divulgación, mientras que los ayuntamientos navarros promovieron concursos y exposiciones. La ley del 9 de septiembre de 1857 permite que se creen Escuelas de Artes y Oficios en Pamplona y Tudela. Esta ley estableció la necesidad de que hubiera una escuela de estas características en pueblos de más de 10.000 almas, gracias a la influencia del movimiento Arts & Crafts inglés, que tomó fuerza a raíz de la Exposición Universal de 1851. La enseñanza artística de Tudela fue impulsada por la Real Sociedad de Amigos del País y por el Patronato Castel Ruiz, que comenzará su especialización a partir de 1895. El Ayuntamiento de Pamplona crea la primera escuela de dibujo en 1827 en la actualidad conocida con el nombre de Catalina de Oscáriz. La Escuela de Artes y Oficios de Pamplona, fundada en 1890 crece e incluye nuevas ramas: ebanistería, cerrajería, carpintería y corte y confección. Tras la Guerra Civil de 1936 el ambiente artístico se ralentiza hasta que los exiliados que marchan a Francia o a países de América, a su vuelta, traen nuevos aires y propician cierto avance en el arte.

En los últimos años del franquismo hay una renovación en la formación de los artistas navarros, y un impulso en el desarrollo de la industria y el comercio. Los jóvenes de la familia Huarte, formados en Madrid, vuelven a Navarra con ganas de difundir el arte internacional del momento y para ello convocan a artistas de todo el mundo, organizan los Encuentros de Pamplona de 1972, un hito cultural sin precedentes en la época del tardofraquismo. La experiencia tiene una gran repercusión y en Navarra provoca expectación, rechazo, censura de obras y la posterior respuesta de los artistas, así como amenazas de ETA.

Otras redes municipales nacidas a finales del siglo pasado, son los Civivox[1] y en Asociaciones de pintura entre las que destacan: Gárdena en Pamplona, Fundación Castel Ruiz Tudela y la Asociación de Mujeres El Tazón-Santa Ana, Asociación La Almudí de Estella y Asociación Monte Plano de Tafalla.

Es reseñable la labor de una mujer, Pilar Faro, de 1940 a 1944, así como también su participación en la Exposición Nacional de Bellas Artes. En las primeras décadas del siglo XIX expusieron Carmen Baroja Nessi (imagen 99) y Laureana Bartolomé. Tras el 36, María Luisa San Julián, Asun Asarta y María Isabel Baleztena. La pintora de la familia Baroja fue Carmen Monné (imagen 100), casada con Ricardo Baroja, de familia estadounidense, aunque de origen francés. Monné Realizó varias obras en colaboración con su marido, como el Tríptico del barrio del Alzate de Vera de Bisadoa para su utilización en el Corpus Christi.

Si los Encuentros de 1972 marcaron un hito en el desarrollo artístico de la sociedad navarra, pero los impedimentos de las administraciones, así como la necesidad de patrocinio, imposibilitaron que la experiencia se repitiese, hoy los Huarte siguen trabajando por el arte, en concreto Josefina Huarte, gran coleccionista, fruto de cuyo trabajo nació la colección actual del Museo Universidad de Navarra (MUN).

En estos años, aparece también la Escuela de Pamplona, grupo de artistas cuya acción se desarrolla en torno a la Escuela de Artes y Oficios. El término fue acuñado por el crítico de arte José María Moreno Galván. El grupo estaba formado por Juan José Aquerreta, Pedro Salaberri, Javier Osés, Azketa, Luis Garrido, Joaquín Resano, Luis Royo, Francisco Javier Morrás, y dos mujeres, Alicia Osés e Isabel Baquedano. Discípulas de esta última han sido Elena Goñi y Txaro Fontalba. En paralelo, surgirán otras pintoras que desarrollan su trabajo a partir de su formación en talleres como el de Enrique Zubiri y, a su vez, tras el periodo de aprendizaje, abrirán sus propias academias, como es el caso de Lolita Argaiz Santalice.

La pintora navarra nació en Murchante (Navarra) el día 1 de noviembre de 1942. Acude a la Escuela Pública y se forma artísticamente en primer lugar en Zaragoza con Castillo Lambán, pintora aragonesa. Comienza a los cinco años a recibir clases particulares. Recién casada, estudia cinco años en la Escuela de Artes y Oficios de Pamplona. Durante su estancia, coincide con los pintores José María Ascunce y Juan José Aquerreta premio Príncipe de Viana. También pinta au plain air con Jesús Lasterra con quien también creará la artista también no visibilizada Pilar Zazpe, en ocasiones Elena Goicoechea, madre de la artista Elena Goñi, Elena Bezunartea y la doctora en Bellas Artes e investigadora Asun Requena entre otras. Complementará sus estudios con Pedro Salaberri, Premio Príncipe de Viana y con Julia Hidalgo. Es una de las primeras pintoras de Navarra que trabaja al aire libre.

Pinta al aire libre imágenes icónicas como Las Bardenas, el Moncayo, y en la zona de Veruela, algunos de sus lugares favoritos de la Ribera.

Pilar García Escribano es al sur de Navarra lo que Ana María Marín es al norte de Navarra. Ambas artistas representan la geografía de su zona en sus obras durante toda su trayectoria pictórica siendo fieles a su tierra en sus motivos pictóricos representando cada una los lugares y escenas típicas de su zona. Mantuvo amistad con el pintor César Muñoz Sola y su familia con los cuales compartía ratos pictóricos al aire libre junto al hijo de Muñoz Sola, hoy escenógrafo.

El pintor César Muñoz Sola, alumno de Ignacio Zuloaga, influencia a Pilar García Escribano marcándole las mismas directrices pictóricas y compartiendo apuntes inéditos del maestro.

Su técnica mayoritaria es el óleo. La carga de pintura la coloca con el pincel. Utiliza pinceles planos, el redondo escasamente. Su paleta de pinceles es reducida, pero la multiplica con la mezcla. No usa negro. Utiliza sombra natural, cobalto, carmín garanza oscuro para hacer los colores oscuros. No utiliza azul Prusia porque dice que ensucia mucho la pintura. Utiliza también aglutinantes como aceites en el retrato y para la preparación de la madera, pero no en el paisaje. Sus temas son paisajes, bodegones y retratos, los clásicos de la época y el lugar donde se forma. Su crecimiento en un entorno rural hace que la absorción de la estética del contexto sea más rápida, así como la asimilación de sus composiciones, color y puntos de vista. Se enfrenta al paisaje y elimina todo aquello que es accidental. Se define como pintora figurativa con influencia del Postimpresionismo, concretamente de Van Gogh. Hasta la fecha, coincidente con sus trabajos con Jesús Lasterra y la utilización del azul celeste, cambiando notablemente la atmósfera de sus cuadros ahora mucho más luminosa, y en la que se trabajan los contrastes de fríos y calientes dentro de una exquisita barrera cromática que me recuerdan a los tratamientos realizados por los pintores Antonio López y Alejandro Quincoces. Se construye una base muy difuminada, donde desde el color y el claroscuro van escogiendo los focos de atención o punto de vista. En ellos se trabajan unas zonas más definidas donde ya entran recursos pictóricos como la espátula de canto o de lado para hacer líneas finas, variante pictórica en cuanto a su factura quizá como consecuencia de sus sesiones de formación con Antonio López.

Se enfrenta al paisaje y elimina todo aquello que es accidental. Así lo indica el crítico Mariano Nicolás en la revista de Arte Spiral [2], que coincide con una de las notas de Zuloaga a la hora de enfrentarse a la resolución de un cuadro.

Mario Ángel Madorrán, crítico de la A.E.C.A y A.I.C.A resalta su propuesta clasicista, pero de una capacidad plástica distinta[3].

Amaya Ascunce, crítica y redactora, cuenta en la publicación del Parlamento de Navarra de las adquisiciones de este, tras la rehabilitación y ampliación de edificio en 2002 «la capacidad de García Escribano para activar memoria o el recuerdo de una persona, o para imaginarla. En este caso, un reto que nos demuestra nuevamente la maestría de la artista».

Su obra se clasifica en tres etapas según Asun Requena: una de juventud y aprendizaje (años 60 y 70), otra más postimpresionista (años 80 y 90) respecto a sus pinceladas con una paleta clásica en donde predominan ocres, sienas y sombras; y una última etapa (2000-2026) hasta la actualidad. De sus inicios con sus trabajos al aire libre con Jesús M.ª Lasterra, la utilización del azul celeste. Con este color sus cuadros cambian de atmósfera, mucho más luminosa y en los contrastes de fríos y calientes dentro de una exquisita barrera cromática.

Son tratamientos utilizados por Antonio López, Alejandro Quincoces ó la Escuela Vasca al aire libre de los Años 90 donde se construye una base muy difuminada a base de una preparación, donde desde el color y el claroscuro se van escogiendo los focos de atención o puntos de vista. En estos se trabajan unas zonas más definidas en donde ya entran recursos pictóricos cómo la espátula utilizada de canto para hacer los delineados de la factura pictórica. La pintora utilizará este proceso creativo en la tercera etapa.

El agua, en movimiento o reposo supone en la obra de García Escribano un tema recurrente a lo largo de su larga vida artística. El río o los estanques, así como los charcos en el camino, muestran en su obra la fugacidad del instante captado en movimiento rápido del curso del río frente a la representación de esta estancada, donde se refleja la vegetación autóctona en su amable tranquilidad. El agua definirá su segunda etapa.

La imagen varía en su segunda etapa donde utiliza una pincela más corta y ancha donde los colores sombra enmarcan los colores luz que destacan los reflejos acuosos de árboles y matorrales. La artista reduce el dibujo a las masas de color utilizado en el abocetado de la pintura al aire libre donde la luz y las sombras son reducidas a un instante concreto, fugaz como en Impression soleil levant de Claude Monet (1872) o la serie de la Cathédrale de Rouen (1892-1894). En la tercera etapa los reflejos serán mostrados sobre una base de color peinada en el lienzo bajo manchas livianas de grises azulados fundidos entre líneas precisas y contadas para una mayor expresión en la percepción de estas en las distancias cortas. Este proceso creativo recuerda a los paisajes de Quincoces en colorimetría y tonalidades o Antonio López en sus paisajes urbanos donde la linealidad y las líneas son recurso pictórico repetitivo. García Escribano aporta en su obra una atmósfera liviana con los recursos pictóricos en equilibrio. La obra de la artista resulta elegante en la composición de vacíos y espacios ocupados dentro de la tela.

La imagen que reconoce el mundo internacional de Las Bardenas Reales es la descrita con anterioridad, tierras ocres, luz cálida y espacios polvorientos donde se ruedan películas y anuncios publicitarios, pero la Ribera de Navarra es mucho más. Por ella pasan ríos que hacen fértiles sus campos y la luz varía según los periodos estacionales. García Escribano ha representado en sus lienzos el sur de Navarra en todos los periodos estacionales y es en su tercera etapa en la que se encuentra en la que representa estas atmósferas frías de los caminos rurales, las cosechas ya recogidas y la arquitectura rural en barro que tanto caracteriza esta zona. La vegetación, los matorrales, juncos y maleza seca que, en sus tonalidades claras, crece en grises azulados, ocres claros casi blancos delineando los caminos polvorientos agrícolas. Los paisajes de la artista son luz, masas espirituales donde se puede descansar.

Como varias de sus coetáneas, Pilar García Escribano ha realizado obra con temática religiosa. En este caso, la artista realizó una serie de cuadros de gran formato para la iglesia de San Francisco de Asís de en Alicante (Comunidad Valenciana, España). La colección consta de ocho lienzos de gran formato con. Las pinturas narran la vida y milagros de San Francisco de Asís.

Si a la pintora Menchu Gal se le conoce dentro del grupo de artistas vascos de la Escuela Vasca hipermasculinizada como Oteiza, Chillida, Basterrechea y a Isabel Baquedano invitada al Grupo Danok y parte del grupo de la Escuela de Pamplona, a García Escribano se le asocia con el grupo de Lasterra de pintura al aire libre y con el grupo Ida y Vuelta de Navarra a Francia patrocinado por el Gobierno de Navarra y F.A.C.E.E.F. (Federación de Asociaciones y Centros de Españoles Emigrantes en Francia) en 1993 y 1994. Este programa comenzó el año anterior con artistas cántabros. La artista compartió experiencia con otro círculo artístico de cual ella era la única pintora. Carlos Ciriza, Alfred Díaz de Cerio, Patxi Idoate, Antonio Laita. José Miguel Moral y José Ulibarrena.

La experiencia sirvió para dar a conocer su trabajo fuera del territorio y ver también lo que tenían en común con los artistas franceses.

Su evolución en sus obras:

Florero (comienzos)

 

La Casa Roja (años 80)

 

Estanque de Ablitas (años 90)

 

Dunas (años 200)

La obra Dunas refleja el camino recorrido en la obra de García Escribano con una composición de un tercio en horizontal, las atmósferas en azul propias de las lecciones de Jesús Lasterra al aire libre, sobre soporte de tela o madera donde trabaja el óleo en disolución y recorta el exceso de pintura con unos toques de pincel plano y una masas con espátula. La mayoría de sus paisajes actuales se encuentran trabajados en los tonos de las Dunas, azules, marrones y ocres. Pilar García Escribano pertenece a la genealogía de las pintoras que se formaron en Artes y Oficios de Pamplona y con su maestra en Zaragoza Castillo Lanbán, además de ser parte del grupo de artistas paisajistas que pintaron al aire libre como Adela Bazo, Pilar Zazpe, Asun Requena, Conchita Bardají, Anamari Marín y Txon Pomés. Forma parte de la Escuela de Lasterra al aire libre como Pilar Zazpe y ha recibido encargos de retratos oficiales como Elena Goñi. García Escribano es hoy en día una de las mejores paisajistas navarras.

Ha expuesto nacional e internacionalemnete y próximamente veremos una retrospectiva en octubre en el Museo Muñoz Sola de Tudela (Navarra). Sin duda un na gran reconocimiento a su carrera.

 

Bardenas Reales (años 2000)

 

Murchante (años 2000)

 

Notas:

[1] Los Civivox son centros culturales y deportivos del Ayuntamiento de Pamplona. Se distribuyen por los barrios de la ciudad y se imparten curso de todo tipo, conferencias, cine y exposiciones.

[2] Mariano, Nicolás. Revista Gal Art 160/161. p. 593. Párf. 1. Barcelona, 1990.

[3] Madorrán, M.A. Revista Espiral de las Artes. Vol. II. Artículo «Pilar García Escribano, pintora de la tierra, artista temperamental», pp. 37-38. Ed. Agrupem. Madrid, 1993.

 

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