CATACLISMO

A SABINE WEISS LE GUSTABA LA GENTE

A SABINE WEISS LE GUSTABA LA GENTE

Mª Ángeles Cabré

No hay duda, a la fotógrafa francosuiza Sabine Weiss (Saint-Gingolph, 1924 – París, 2021) le gustaba la gente. Eso se trasluce de las muchas fotografías que hizo, en las que busca ponerle cara. Sabine Weiss nos habla a través de la gente con una especial predilección por los desheredados y, en el otro extremo, por brillantes hombres y mujeres que hicieron aportaciones notables en el campo de la cultura y de las artes. Su trabajo consistió en recorrer el mundo cámara en mano fotografiando la alegría, el dolor, la sorpresa y cualquier otra emoción humana digna de ser fotografiada, ya fuera en rostros infantiles o ancianos, bellos o menos bellos.

Por eso “Observando la vida” es el título de la exposición que puede verse este verano (y hasta el 9 de octubre) dentro de la Biennal de Fotografía Xavier Miserachs que se celebra como siempre en Palafrugell, en la Costa Brava, en el pueblo natal del escritor Josep Pla. Y por eso este amor por la gente es el rasgo que más ha destacado -y con razón- la prensa que se ha hecho eco de esta muestra, una muestra más que recomendable por su alta calidad fotográfica y por su humanidad.

En el autorretrato que abre el recorrido, vemos a Weiss armada con una Rolleiflex, esa cámara profesional de objetivos gemelos y peso modesto que la acompañó largo tiempo. Nos mira con seguridad y un amago de sonrisa que no acaba de asomarle a los labios. Era entonces una mujer joven y tenía por delante un largo recorrido. Había estudiado en Ginebra junto al fotógrafo Frédéric Boissonnas y después se había marchado a París, donde fue asistente del fotógrafo de moda alemán Willy Maywald, quien fotografió a muchas celebridades de la cultura y de las artes. Weiss hizo otro tanto, y en esta exposición podemos ver sus retratos de Cocteau o Beckett, y grandes damas como Maria Callas, Ella Fitzgerald o Nikki de Saint Phalle. También retrató a una jovencísima Françoise Sagan, quien tumbada sobre una alfombra hace ver que teclea en una máquina de escribir de las que ya nadie usa.

Naturalidad es la palabra que nos viene a la cabeza cuando observamos estos retratos, donde no hay pose forzada ni gesto inducido y todo fluye. Callas sonríe de perfil, Saint Phalle se afana en una de sus obras inclinada sobre el suelo y sin miedo a las salpicaduras de pintura, que le llenan la falda. Tomo fotografías caseras de algunos de esas figuras tocadas por los dioses, rebosantes de talento y de éxito. Y regreso a los desheredados, a las gentes de la calle que Weiss captaba con su objetivo. A la chiquillería napolitana de los años 50, tan llena de vida. A la anciana búlgara arrugada y boquiabierta, desdentada, que retrató en los años 90.

En una de las paredes, una frase de la fotógrafa define su trabajo: “Je n’aime pas les choses très éclatants mais plutôt la sobriété… Il ne s’agit pas d’aimer bien, il faut être emu. L’amour des gens, c’est beau…”. Hay emoción en sus fotografías y hay sobriedad en su manera de tomarlas. Cómoda en el blanco y negro, Sabine Weiss alternó sus trabajos profesionales (encargos para agencias, publicaciones y exposiciones) con un trabajo personal siempre enfocado a atrapar la vida en las facciones, en los gestos. La exposición incluye también algunas fotografías deshabitadas o casi más bressonianas e igualmente hermosas.

Esta es la primera retrospectiva suya que se hace en España. Una bonita aproximación a la condición humana, que como dejó claro Hannah Arendt en su libro del mismo título igual se dedica a la mera supervivencia que a la trascendencia a través del arte.

Sabine Weiss, Observando la vida, Biennal de Fotografía Xavier Miserachs, La Bòbila Palafrugell. Hasta el 9 de octubre de 2022

https://www.biennalxmiserachs.org/project/sabine-weiss/

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