CATACLISMO

UNA CHAMANA LLAMADA FINA MIRALLES

UNA CHAMANA LLAMADA FINA MIRALLES

Mª Ángeles Cabré

Àngels Ribé, Eulàlia Grau, Eugènia Balcells y Fina Miralles. Los cuatro puntales femeninos en que se sustenta el arte conceptual catalán que hizo de los años 70 un lugar menos masculino del que les hubiera gustado a todos aquellos que lo ocupaban desde su condición de machos alfa, pequeños Picassos muy poco interesados en dar espacios a las mujeres. Las propias protagonistas se han dolido de ese ninguneo. Pero poco a poco la Historia va poniendo las cosas en su sitio.

Afortunadamente las cuatro han seguido trabajando a pesar de las dificultades, entre las cuales la manifiesta infrarrepresentación -aún hoy- de las mujeres en los centros de arte, lo que no quita que sean nombres hoy incuestionables. Por ello celebramos y mucho esta retrospectiva que el MACBA le dedica a Miralles, quien a finales del siglo XX ya donara su archivo al Museu d’Art de Sabadell, localidad donde nació en 1950, aunque sea la daliniana Cadaqués su patria escogida.

Comisariada por Teresa Grandas -que en la última década ha comisariado también allí una exposición de Àngels Ribé y otra de Eulàlia Grau-, esta muestra que confirma la relevancia de la artista y la singularidad de su propuesta convierte lo que de efímero ha tenido su obra en perdurable. En homenaje a una de sus acciones más conocidas, La mujer árbol (1973) -ella con las piernas cual raíces plantadas en la tierra-, cabe afirmar también que esta retrospectiva que no obedece el sacrosanto orden cronológico es una suma de árboles que sí nos dejan ver el bosque.

Si a mitad de los setenta Miralles se encerraba en una jaula (Imatges del Zoo -Imágenes del Zoo-, 1974), queriendo claramente denunciar -amén del maltrato animal-, qué es objeto de la mirada cosificadora y qué no, progresivamente la relación de su yo artístico con la sociedad se ha traducido en el yo artístico en relación con el cosmos, un cosmos en el que la relación orgánica con la Madre Naturaleza ocupa un lugar prevalente.

Instalaciones, pinturas y fotografías de acciones que cuestionan qué es el hecho artístico, muestras de land art que apuntan después hacia el body art, como en El cos cobert de palla -El cuerpo cubierto de paja-, que data de 1975 y fue la imagen elegida para la cubierta del catálogo de “De les idees a la vida”, la exposición que en 2011 hizo en el Museu d’Art de su ciudad natal. También complementan su faceta conceptual -sin duda la más significativa- los sintéticos paisajes de los años ochenta hechos con pastel sobre papel, en los que pinta lo que no se ve –“lo invisible visible”-, como el vuelo de los pájaros, y que nos hablan de una artista con voluntad poética y de deconstrucción, que ella utiliza como autoconocimiento.

Miralles ha desarrollado un proceso de crecimiento personal a través del arte del que resulta una imagen muy simbólica ese sumergirse en las aguas del río que llevó a cabo en 2012, en el contexto de La Muga Caula -un encuentro anual de poesía de acción y performance que se realiza en el Ampurdán-. La acción se llama, cómo no, El baptisme (El bautismo). Y es que resulta que a la artista le fue diagnosticada una severa enfermedad -esclerosis-, por lo que en los últimos años se ha servido del arte como instrumento de sanación, recuperando en gran medida las habilidades que la enfermedad le sustraía. Entendemos en consecuencia el título de la exposición, “Soy todas las que he sido”, no ya como una suma de etapas sino como una depuración de su ejercicio artístico-terapéutico.

Es pues un gozo pasear entre piezas que no nacieron para encerrarse en un museo, ya que como escribe la comisaria en uno de los textos del catálogo: “El objeto finalizado y definitivo ya no es el objetivo del trabajo artístico”, de modo que la “desmaterialización” de la obra deviene el objetivo último, cosa que hace decir a la propia artista que resulta un pésimo mal negocio para los galeristas.

Cuestionando el sistema del arte que rentabiliza tanto obras como artistas, Miralles desafía a todos cuantos quieren hacer de la experiencia artística un ingrediente más de este permanente ejercicio de consumo ya tatuado a fuego en las sociedades avanzadas en que vivimos. Ella, por el contrario, deja su huella con acciones como Petjades -Pisadas– (1976), una fotoacción donde unos zapatos-tampón estampan con tinta su propio nombre por las calles de la ciudad apropiándose de un espacio público que cada vez lo es menos.

FINA MIRALLES. Soy todas las que he sido. Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona, MACBA, Barcelona. Hasta el 5 de abril de 2021.

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