CATACLISMO

USTED PRIMERO

José Gutiérrez Solana, Las vitrinas, 1910

José Gutiérrez Solana, Las vitrinas, 1910. MNCARS

USTED PRIMERO
Ana Quiroga

En 1965, el dibujante y cineasta Peter Foldes realizaba para la emisión francesa de Dim, Dam, Dom el corto Belle en Cage. En él, Foldes referenciaba irónicamente el ritual de apareamiento según los códigos románticos del patriarcado. Una figura masculina observa a una mujer. La mirada se vuelve más y más penetrante. Los ojos de él se vuelven prismáticos. Ella se va haciendo más y más pequeña. La jaula se cierra. Una mujer petrificada dentro de una jaula de piropos y adulaciones masculinas. El amor según el sistema.

Viendo la obra de Solana que preside el catálogo de la exposición «Invitadas», una no deja de cuestionarse la intención última de tal selección. En ella, vemos cinco perfiles femeninos petrificados, uno de ellos decapitado. Expectantes, quizá, ante la adulación. El gesto galante que abra las compuertas y les permita acceder al relato.

El título de la obra en sí, «Las vitrinas», tiene claros ecos decimonónicos. Quien conozca la obra de Eugène Atget verá en el gesto inmóvil de las maniquíes los escaparates parisinos retratados por el fotógrafo en el fin de siècle francés. La presencia femenina se reduce a la alteridad. La otredad simbólica a la que, supuestamente, el Museo del Prado buscaba homenajear en esta exposición.

El mero reflejo que prueba la obra de Atget se confirma en «Invitadas». Ya lo deja claro esa portada fatal: «Fragmentos sobre mujeres, ideología y artes plásticas». Fragmentos, pues es lo único femenino que subyace en la mirada patriarcal, como tan bien constataba Teresa de Lauretis (Alice Doesn’t) y recuperan Lynda Nead (El desnudo femenino) o John Berger (Modos de ver). Ideología, pues toda opresión es sistemática y sistémicamente ideológica. Todo está inventado, cariño. No hace falta tal rimbombante acompañamiento litúrgico para probar lo que ya sabemos: en el siglo XIX estaban muy mal. Un poquito peor que ahora, incluso. Y Artes Plásticas. Bueno, parte de ellas. Pues las escasas obras que recupera la exposición de Navarro no alcanzan ni a la punta del iceberg.

¿Es un despropósito la exposición y por ende su catálogo? No seamos tan drásticas. Al menos lo han intentado. Pocas cosas son más adorables que un damo torpemente violetizado. Ajustándose el binóculo mientras lee Segundo Sexo. Levantando la patita. Buscando nuestra aprobación. Enternecedor.

La gracia señoril les habría quedado hasta bien si hubiesen jugado mejor. Una referencia a Bornay, una rima al safismo aguerrido de Bonheur. Un guiño a Claudel. Lo tenían fácil. Pero se les ha atragantado. Cuando casi lo tenían. Simplemente había que aguantar un poco más. Ser un poco más pacientes.

Pero no. Cuando estábamos a punto de creérnoslo, nos han abierto la puerta con galantería tardofranquista y han proclamado aquello de «usted primero». Pasen, dulces doncellas. Hemos bajado a lo más hondo para recuperarles sus obras perdidas. Pero antes, dejen que les recordemos que no estamos tan mal. ¿Acaso no ven lo oprimidas que estaban en el siglo XIX? Que no eran más que fulanas y madres amantísimas. Y ahora, mírense. Musas empoderadas que se desnudan solo si quieren, por aquello de «viva el mal, viva el capital». Artistas que, con un poco de suerte, lograrán su esquina dorada en la próxima feria del arte.

Quizá no les ha salido tan mal. Puede que muchas visitantes se sientan abrumadas y aprendan. A callar. A agradecer con florituras la gentileza masculina. A entender que profanar el canon de Harold Bloom ha de pagarse. Osadas quienes se atrevan a disentir. Pérfidas. Histéricas.

Dejen que les diga, queridos compañeros, que agradecemos el gesto. Les dejamos incluso que se pavoneen de su hazaña. Ahora bien, no olviden ustedes que hace un par de años tuvieron serios remilgos para exponer El Cid de Bonheur. Para visibilizar a Peeters y a Anguissola. Quizá es momento de volver a la tarea. De boicotear, de insistir. En resumen, ser un poco petardas. Todo lo que sea necesario para que nos escuchen y se revisen. Puede que dentro de diez años nos riamos de todo esto. Ustedes volverán a apropiarse de nuestra lucha. Y nosotras, a demostrarles que se equivocan. El ciclo eterno de la revolución. Hasta lograrlo.

 

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