archivo

#05

FINA MIRALLES, LA UNIÓ DELS OCEANS

Acciones sencillas para celebrar la grandeza de pequeños gestos entre el arte y la vida.

Susana Cendán

Resulta dificultoso encontrar información sobre Fina Miralles (Sabadell, 1950) en la web, incluso en determinados manuales de referencia en los que se investigaba –aunque de manera muy somera– el surgimiento de los conceptualismos en España, su nombre se omite de un modo que resulta incomprensible, a pesar de la extraordinaria contundencia y belleza de las acciones que desarrolló esta artista singular en los años 70. Si en el presente la lucha por la visibilidad de las mujeres en los centros de decisión artísticos continúa siendo una reivindicación sin tregua que se solapa con la maraña de concursos amañados por lobbys –algunos de ellos perfectamente legitimados– de distinto pelaje, una no puede imaginarse lo que podía significar ser mujer y artista en la España pre-democrática de finales de los sesenta y principios de los setenta. Más aún en el caso particular de Fina Miralles, militante de un arte experimental que exploraba, no tanto el complejo sistema de relaciones entre lo humano, la naturaleza y los objetos que la conforman, como el ser consciente de formar parte de un todo en el que el arte era –y es–, por encima de los intereses y ruidos del mercado, una forma de vida. Acciones como Mujer-árbol (1973), en la que una jovencísima Fina Miralles aparece literalmente enterrada en la tierra, en armónica comunión artística y espiritual con la naturaleza, se nos antojan evocadoramente poéticas.

Los años pasan y lo que para muchos puede ser un runrún nostálgico y obviamente referenciado en las propuestas internacionales del Land o el Povera de los sesenta, o un revival –apostillan– demasiado utópico en sus pretensiones, para otros representa la posibilidad de rememorar actitudes críticas con situaciones políticamente convulsas y con la emergencia de un sistema, el del arte, en un momento clave de revitalización de las producciones culturales en nuestro país. En la España de entonces comienzan a proliferar los espacios artísticos –privados e institucionales– así como una serie de actividades expositivas que sentarán las bases de una emergente industria cultural. Simultáneamente, en Madrid, Barcelona y Valencia, surgen colectivos independientes que se postulan como una alternativa al barullo institucional. Sus propuestas servirán para reinterpretar el contexto artístico de manera crítica, fuera del taller o del estudio, en busca de una libertad que representase una verdadera vinculación entre arte y vida.

Entretanto, Fina Miralles se dedica a observar la transformación y la alienación de los objetos de la naturaleza en una serie de acciones documentadas fotográficamente (Paraules a l´arbre, 1975) en las que estos, sin ser manipulados estéticamente, ponen de manifiesto la dicotomía entre lo natural y lo artificial. Se trata de acciones más centradas en lo experimental que en cuestiones políticas, aunque estas, aun abordándose de manera tangencial, no dejen de estar presentes, sobre todo la incomodidad con un sistema del arte alérgico a cualquier tipo de estímulo en profundidad. En Testament Vital, su autobiografía editada en 2008, la artista deja constancia de las motivaciones que la llevan a abandonar el mundo del arte profesional y a emprender un retiro consciente y alejado de los circuitos artísticos.

Llegados a este punto muchos se preguntarán qué motivó el retorno de Fina Miralles al mundo del arte, concretamente a una galería comercial, puesto que la exposición de la que nos ocupamos no la produjo una institución museística sino un espacio comercial de Vigo, la Galería PM8. La respuesta, como la obra de Fina Miralles, admite múltiples lecturas, para lo cual deberemos en primer lugar examinar de qué clase de galería estamos hablando. Su director, Francisco Salas, emprende –en febrero de 2011– un proyecto totalmente renovado basado en la rigurosidad de las propuestas, en la internacionalización de las mismas, y en un trato honesto y cercano con sus artistas –trabaja solo con ocho– que va más allá de lo comercial. Se trata de un proyecto largamente meditado en el que prevalece la voluntad curatorial y el conocimiento en profundidad, la convicción de que es posible hacer las cosas de otra manera en claro contraste con una inercia asentada en parte de nuestro ADN galerístico, según la cual, el dinero “todo” lo puede comprar.

Veinte años después de su retiro un galerista es el artífice del regreso de Fina Miralles, aunque solo sea por un instante… Y matizo esto último porque la exposición La unió dels Oceans –el Mediterráneo y el Atlántico– debemos interpretarla, no como un retorno, sino más bien como la celebración del encuentro entre la artista y el galerista, celebración a partir de la cual se articulan los contenidos de la misma. Si tuviésemos que describir en una palabra la sensación que este encuentro nos produce, esta quizá sea “autenticidad”, pues la exposición de alguna manera nos devuelve a la artista de gestos sencillos de los años 70: acariciando una piedra, abrazando la calidez de una mano… Se trata, en definitiva, de una serie de acciones breves, documentadas fotográfica y video gráficamente, que conectan con aquellos trabajos primigenios en los que el arte y la vida formaban parte de un proyecto común que celebraba la grandeza de las pequeñas/grandes cosas que no sabemos ver, y que la exposición nos invita a descubrir.

La muestra se completa con una vitrina que, a modo de archivo, contiene una serie de objetos que testimonian el encuentro, así como un ejemplar de su obra autobiográfica. En definitiva, un proyecto al que debemos aproximarnos sigilosamente, casi de puntillas, si de verdad queremos captar su esencia, y que pone de manifiesto que, en nuestro tendencioso y superficial mundo, otra manera de hacer las cosas, es posible.

 

Fina Miralles. La unió dels Oceans, galería PM8, Vigo. Del 23 de mayo al 08 de agosto de 2013.

www.pm8galeria.com

Fina Miralles texto