CATACLISMO

RETRATADAS: FOTOGRAFÍA, GÉNERO Y MODERNIDAD EN EL SIGLO XIX ESPAÑOL

RETRATADAS: FOTOGRAFÍA, GÉNERO Y MODERNIDAD EN EL SIGLO XIX ESPAÑOL

Semíramis González Fernández

Acaba de publicarse “Retratadas: Fotografía, género y modernidad en el siglo XIX español” (Cátedra) de Stephany Onfray, un ensayo sobre la importancia que jugaron las mujeres delante de la cámara. Onfray propone, a través de una larga investigación, una mirada crítica y feminista sobre el papel femenino en el desarrollo de la fotografía en la España del siglo XIX. Su libro es, de alguna manera, un ejercicio de restitución y homenaje a aquellas mujeres – tanto frente a la cámara como detrás de ella – que, pese a encontrarse inmersas en un contexto social dominado por normas patriarcales, supieron ampliar y desafiar los marcos establecidos por la sociedad.

Desde el inicio del ensayo, Onfray se interesa en recuperar la memoria de las olvidadas en la historia del medio fotográfico, destacando cómo utilizaron el retrato como una herramienta de afirmación y resistencia, y cómo a través de la imagen pudieron negociar su identidad en un entorno que dictaba lo visible y lo decible. Así, en el ensayo se enfatiza el componente ideológico y social de la fotografía:

“No obstante, el fervor que las mujeres sintieron por la fotografía también fue importante para la propia expansión del medio. Seguir obviando el papel fundamental que ellas desempeñaron en su desarrollo técnico, social, cultural y artístico deja de lado uno de los aspectos más relevantes de su historia…” (p. 17)

“Retratadas” se adentra también en cómo el contexto social del siglo XIX – atravesado por profundas desigualdades de género y un marcado analfabetismo femenino – se vio reflejado en la práctica fotográfica. Desde el surgimiento de distintos tipos de retratos (de estudio, científicos, policiales o etnográficos), Onfray muestra cómo la imagen se convirtió en un instrumento de jerarquización y representación de los cuerpos femeninos. En su análisis destaca la importancia de comprender la fotografía no sólo como técnica, sino como lenguaje visual que plasmó y a la vez transformó las relaciones de género y poder.

Asimismo, unas de las aportaciones más interesantes que hace Onfray es analizar la fotografía como medio para la subversión de modelos y estereotipos. Mediante la selección de poses, gestos, y elementos accesorios, las mujeres lograban no ser solamente el objeto del disparo fotográfico, sino también ejercer un papel activo en la construcción de su representación. Este doble acto –como sujeto y objeto de la imagen– permitía una negociación constante con las expectativas sociales asociadas a ellas, profundamente patriarcales y marcadas. Así, la imagen se convertía en un sutil mecanismo de resistencia y de afirmación de la subjetividad femenina:

“Expresándose a través de su propio cuerpo, y aunque escogiendo para ello un vocabulario formulado por la ideología patriarcal, estas mujeres se adueñaron de sus propias representaciones conquistando el ínfimo espacio de libertad que permitía una sociedad tan androcéntrica como la del siglo XIX…” (p. 324)

No sólo la burguesía (la nueva clase dominante y gran utilizadora del medio fotográfico) sino también, aunque en menor medida, las clases trabajadoras utilizaron la nueva técnica para aparecer delante del objetivo: en “Retratadas” encontramos ejemplos de actrices, bailarinas, pero también trabajadoras de otras profesiones o una reivindicación de “las mujeres de”, es decir, aquellas que trabajaban en los oficios de sus maridos, padres o familiares, aportando un papel fundamental. Onfray nos enseña que, mediante estrategias estéticas y la interpretación de elementos cotidianos (por ejemplo, posar con y sin delantal), las retratadas manifestaban una doble identidad y una conciencia creciente de su protagonismo.

“Retratadas. Fotografía, género y modernidad en el siglo XIX español” es también un ensayo desde lo interdisciplinar, donde convergen los estudios de género, la historia del arte y la cultura visual, y destaca no sólo por la rigurosa investigación que la sostiene, sino también por la forma en que visibiliza la agencia de las mujeres a través de un medio casi recién nacido, como la fotografía. Aunando investigación y recuperación, la autora reposiciona el papel que las mujeres tuvieron en la construcción de la modernidad. La gran cantidad de imágenes que acompañan el texto y el análisis de estas nos permite adentrarnos en un mundo que Onfray reivindica, el de aquellas que posaron delante de la cámara y redefinieron su relato a través de la nueva técnica. Como señala la autora “al igual que la escritura potenció el descubrimiento de la existencia de una subjetividad propia para las sociedades orales, creemos que el nuevo medio y el lenguaje visual que potenciaba sirvieron a las mujeres para entrar en un proceso de individualización colectivo, tomando por primera vez conciencia de sí y de sus propios deseos” (p. 171).

Onfray, que alude en varias ocasiones a la influyente psicoanalista Joan Riviere, propone esa mascarada posible para las mujeres que vemos delante de la cámara que, si bien estaban condicionadas por un pacto social muy estricto y patriarcal, ensancharon los marcos de representación ante la cámara, consciente o inconscientemente.

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