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SUSANA BLAS. CICLO DEJAR EL CUERPO

Así llegamos a esta idea de que cada semana se pueda ver un vídeo

Mapi Rivera, Lunaris nuntius, 2006. Fotograma

Semíramis González

Susana Blas presentó desde el 19 de febrero y hasta el 6 de mayo un ciclo de piezas de videoarte de distintas artistas en La Bacía (Sociedad Cervantina, Madrid). Bajo el sugerente nombre de “Dejar el cuerpo” nos encontramos con variedad de propuestas que cuestionan y apelan al cuerpo con diferentes perspectivas.

Una de las piezas, en concreto la de Paula Noya, Cegueras e imposturas, ha formado parte del Festival Miradas de Mujeres entre el 13 y el 29 de marzo.

Entrevistamos a Susana Blas sobre este interesante proyecto y sobre algunas cuestiones de actualidad.

SG- “Dejar el cuerpo” habla del apego a lo carnal y los anhelos espirituales por desprenderse de él. ¿De dónde surge este interés por lo corporal?

SB- En realidad, en “Dejar el cuerpo” se intenta mostrar un interés por las relaciones entre lo corporal y lo efímero. Partía de un tema clásico dentro de la teoría del videoarte ya desde sus orígenes: cómo la inmaterialidad de un medio como el vídeo puede relacionarse con el cuerpo.

Me resultaba paradójico que existieran tantos trabajos en vídeo que hablasen del cuerpo.  Desde que comencé a trabajar con este medio, siempre me he planteado cómo este soporte resulta frío y distante, casi transparente y, sin embargo, la relación vídeo y cuerpo permite hablar perfectamente de algunos aspectos de la corporalidad, como el espíritu o alma, y la carne, si es que podemos hacer esta distinción.

SG- En total participan en “Dejar el cuerpo” ocho artistas muy diferentes, ¿qué aporta cada uno al conjunto del proyecto?

SB- Cada una de las perspectivas que busqué en la elección de estos siete vídeos tenían un acercamiento diferente a la cuestión. En cada uno de ellos he intentado que esta cuestión de dejar el cuerpo abarcase diversas problemáticas: no sólo cuerpo y alma, sino también cómo se relaciona esto con la tecnología del vídeo, ya que como medio no deja de ser chocante.

Es interesante que la videoperformance haya sido tan importante para hablar del cuerpo y ya desde el principio se estableciera esa relación entre presencia y vídeo, con acciones que eran mostradas a través de una pantalla pero con el artista en vivo en la galería, como ocurre con Vito Acconci y su happening masturbándose en la galería Sonnabend de Nueva York en 1972. Hay muchas performances de este tipo, que una vez terminan, hacen que el vídeo se convierta en la acción, y la relación que establece con quien mira es casi electrónica. Esto es lo que me interesa: la vertiente tecnológica del propio medio.

Por otra parte, resulta atractivo también el fondo, hablar de la espiritualidad, especialmente en este momento tan delicado de cambios y crisis, y cómo afrontamos y nos sobreponemos a esto.

SG- Todos los proyectos se realizan en soporte de vídeo, ¿qué supone esto a la hora de concebir esta idea de la corporalidad?

SB- Como ya comentaba antes, la relación entre el vídeo y el cuerpo es evidente ya desde el principio. Esto se explica por ser un medio económico que permite que el artista en muchas ocasiones se pueda grabar solo, tener una intimidad determinada, no se necesita montaje, puede convivir con la luz… Sin embargo, también hay que señalar que todas las piezas que forman parte de “Dejar el cuerpo” son bastante elaboradas, no son simplemente la proyección de una performance, sino que las hay muy complejas, como la de Manu Arregui. Son piezas cuidadas y que en sí mismas llevan una elaboración.

SG- ¿Por qué un ciclo?

SB- Una cosa que me interesó desde el principio es que, ya que en La Bacía disponíamos de un espacio bastante amplio y no solo una proyección monocanal en una sala, quería poner los vídeos proyectados pero no cayendo en la idea de los siete a la vez, como si fuera una exposición temática en la que debas ver todas las proyecciones o prescindir de algunas. Así llegamos a esta idea de que cada semana se pueda ver un vídeo y a la semana siguiente disfrutes de otro.

Un aspecto interesante de proyectar una pieza cada semana es que quienes acuden a verlas todas se encuentran en el mismo lugar con sucesivas historias diferentes, sin el tiempo suficiente para olvidar la anterior y ya visionando la siguiente. Se busca la idea de conectar y relacionar.

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Javier Pividal, Hiroshima, 2008. Fotograma

SG- Hay un gran número de mujeres presentes en “Dejar el cuerpo”. ¿Aportan cada una algo diferente al tema central?

SB- Justamente “Dejar el cuerpo” no era una exposición que tuviera desde el principio un planteamiento de género o un planteamiento feminista, a diferencia de otros proyectos que he hecho, como “Fábulas problemáticas”.

Aquí hay muchas mujeres artistas porque sus obras representan mejor la temática de lo que estoy buscando. Hay dos artistas masculinos también, Javier Pividal y Manu Arregui.

Lo que sí es cierto es que las mujeres artistas tienen una relación distinta con el vídeo, de gran calidad, ya desde finales de los años 60, y esto hace que no resulte difícil programar mujeres videoartistas. Esto se explica porque a finales de los 60 este medio era directo, nuevo, sin la carga que tenía la pintura o la escultura, por ejemplo, y ponía a disposición tanto de hombres como de mujeres la misma herramienta. Bruce Nauman empezaba a usar una cámara de vídeo a la vez que Joan Jonas o Eugènia Balcells.

El vídeo permitía también presentar nuevos modelos de identidades femeninas fuera de esos géneros tradicionales. Con un lenguaje propio, no heredero del cinematográfico, podía presentarse una mujer fragmentada, una mujer sombra,  una mujer espejo… Todo esto podía hacerse también en pintura y escultura renovando los modelos, pero resultaba especialmente difícil por toda la carga histórica anterior.

SG- Sin embargo en algunas piezas el cuerpo no aparece, como en la de Patricia Gómez y María Jesús González, A la memoria del lugar…

SB- Sí, es una obra muy interesante, de 2007-2008, que formaba parte de una instalación en la que ellas, que realmente trabajan con un tipo particular de pintura en la que realizan arranques de las paredes de las cárceles y de espacios abandonados, han hecho un vídeo con el rodillo de esos arranques. Es un vídeo abstracto en el que el cuerpo ya no está presente sino que está solamente en los restos, en las marcas que dejaban estas personas en las paredes, en sus dibujos,  en las ausencias… Un trabajo así era donde yo quería que el cuerpo ya no estuviera de ninguna manera, sino que se vieran sus rastros y su huella; un trabajo como el de ellas, tan concreto para lo que yo quería mostrar, no lo he encontrado en un artista masculino.

Sin embargo, para hablar del diario personal, de las identidades, de la búsqueda de un alma interior… me encajaba mejor la obra de Javier Pividal o la de Manu Arregui.

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Marina Núñez, Sin título (ciencia ficción), 2013 . Fotogramas primera secuencia

SG- ¿Qué puedes comentarnos de las primeras piezas proyectadas, las de Marina Núñez, Mapi Rivera y Manu Arregui?

SB- Marina Núñez siempre ha trabajado con la idea de dejar el cuerpo normativo para buscar otros cuerpos más relacionados con lo electrónico, en la red, cuerpos mixtos entre tecnología y cuerpo físico, hasta esta idea del cyberpunk del cuerpo que desaparece, el cuerpo real, y lo que queda es la virtualidad, la identidad en internet, totalmente efímera. Aquí “Dejar el cuerpo” se está refiriendo a esto y no desde una perspectiva muy positiva sino paradójica, lo que supone dejar la carnalidad y convertirse en cyborg, en una entidad totalmente virtual.

En el caso de Mapi Rivera ha trabajado mucho el tema del alma en distintas religiones, la espiritualidad, el modo en el que el cuerpo puede trascenderse y llegar a otro tipo de universos a través de la meditación, etc. El vídeo también aporta esas calidades transparentes, de pérdida precisamente de lo físico.

El trabajo de Manu Arregui trabaja sobre la identidad, especialmente en este caso sobre cómo muchas veces se imponen determinados roles a las identidades femeninas y masculinas y a veces rasgos como el amaneramiento o rasgos asociados a lo femenino no son bien vistos socialmente en lo masculino, y cómo hay espacios o grietas en las que eso sí es posible, como la danza. A través de la danza se pueden crear ciertos códigos de amaneramiento muy diferentes.

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Manu Arregui, Con gesto afeminado, 2011. Fotograma

SG- Hemos podido disfrutar de la pieza Cegueras de Paula Noya dentro del Festival Miradas de Mujeres, ¿qué puedes contarnos de esta pieza?

SB- Esta obra de Paula Noya forma parte de un proyecto más complejo consistente en una exposición en la sala con dos proyectos: uno de ellos es de dibujo, llamado Cegueras, donde encontramos mujeres a las que la artista ha vendado los ojos, acercándose a esa idea de que a las mujeres muchas veces se le está negando y dirigiendo la mirada; también puede leerse como las miradas interiores, la necesidad de ver de otra manera. En esta parte del proyecto hay también un vídeo donde se están tapando los ojos.

El otro proyecto es Imposturas: en este ella pide a amigas y conocidas que elijan un cuadro de la historia del arte que les guste y donde aparezca representada una mujer. La mayoría escogen cuadros de Miguel Ángel, de Frida Kahlo… Ella retrata así a estas mujeres dentro del cuadro pero con un giro muy interesante: en lugar de dejarles aparecer como en los cuadros originales, normalmente con una mirada perdida o una mirada contenida, les hace mirar al espectador. Se produce así un giro en el que parece que el cuadro ha cobrado vida, se ha carnalizado y ya no es un personaje, sino una mujer viva. Se pasa de un cuadro clásico, con una mujer cosificada, a un cuadro vivo que te mira; se hace de forma sutil pero impactante.

SG- ¿Cuál es la última pieza que se proyectará en “Dejar el cuerpo”?

SB- La última de las piezas la está haciendo Marta Azparren, La Pasión (2013), y trata sobre la película de Juana de Arco de Carl Theodor Dreyer. Ella hace un remontaje, un found footage, consiguiendo algo casi imposible en esta película: encontrar los momentos en que no aparece el cuerpo ni el rostro. La película está realizada casi en su totalidad a base de primeros planos y Marta consigue los intermedios, montando así un paisaje visual con la ausencia del cuerpo. Es un buen cierre para “Dejar el cuerpo”.

SG- Espiritualidad, identidades híbridas y monstruosas o el cuerpo en movimiento y la construcción de la masculinidad, ¿es el cuerpo un soporte sobre el que cuestionar los roles de género, la belleza o lo metafísico?

SB- Por supuesto, el cuerpo no es solo un soporte para cuestionar los estereotipos, sino que llega un momento en que uno tampoco sabe qué es el cuerpo, si es una metáfora, una idea, un cuerpo físico de verdad, ni de qué cuerpo hablamos: el que está encerrado en la piel, un cuerpo que rompe lo normativo, que tiene una vida virtual… El cuerpo es incluso alegoría de otras muchas cosas. El problema es que se ha trabajado tanto el cuerpo y sobre el cuerpo, que es necesario seguir trabajando sobre esto con nuevas aportaciones. Para este proyecto me resultaba muy interesante el cuerpo como metáfora o como símbolo, no solo el cuerpo físico.

SG- “Dejar el cuerpo” es un trabajo ambicioso, con muchas artistas y desarrollo paulatino, ¿es necesaria, en la actual situación, una apuesta aún mayor por el arte de mujeres?

SB- Desde luego yo sí que creo, aunque haya gente que piense lo contrario, que estamos en un momento en el que libremente las artistas mujeres, las gestoras y las comisarias se mueven en un trato igualitario y aunque la ley las apoya según el artículo 26 de la Constitución, hemos visto objetivamente que esto no es así, especialmente desde que MAV ha comenzado a sacar datos y estadísticas serias y se ha puesto sobre la mesa la verdadera situación.

Las razones son varias: el propio sistema del arte y su machismo intrínseco, y la discriminación que sufre la mujer en general. Sigue siendo la que debe encargarse de las cargas familiares e incluso aquellas que han decidido por voluntad propia no tener hijos siguen encontrándose con muchas más dificultades para lograr éxitos en su carrera pese a no tener estas cargas familiares, supuestamente en igualdad de condiciones que un hombre en la misma situación y un curriculum similar.

Esto solo se puede solucionar con un esfuerzo doble de educación, especialmente en la primaria, donde reforzar la idea de que las mujeres pueden conseguir el mismo puesto que un hombre, educando en igualdad, transmitiendo mensajes de este tipo en los medios de comunicación y, por supuesto, con las leyes.

 

Para disfrutar mejor de “Dejar el cuerpo” y conocer las piezas que ya se han visionado, visita la web del proyecto: http://dejarelcuerpo.wordpress.com/