LA MUSA COMO SUJETO
¿Qué es en esencia ser musa? ¿Únicamente la inspiración del artista? ¿La que posa y silencia? ¿La que no pide? ¿La que no habla? ¿La que no comunica?
LA MUSA COMO SUJETO
Inma Haro
Encontrarse con una misma en la feria de ARCO en una obra para la que posé hace ocho años sin saber además que estaba presente, es como poco extraño. Algo así como un guiño a la última sesión de mis talleres de creatividad: fecundar el pensamiento, lo que está pero no se ve. Así me sentí, viéndome sin estar. Estando, sin verme.
Esto, que a priori es bastante sencillo, a ratos, duele, a otros desconcierta y a otros desajusta. Supongo que es otro retal más de esta (mi) vida de artista o de musa, como algunos/as me han nombrado a cuenta de la obra. Pero… ¿Qué es en esencia ser musa? ¿Únicamente la inspiración del artista? ¿Aquella que ofreciendo un indicio de belleza tiene la boca callada para no molestar? ¿La que posa y silencia? ¿La que no pide? ¿La que no habla? ¿La que no comunica? En el mejor de los casos, las musas no deberían pensar, sentir, marcar los límites y mucho menos, nombrar el dinero.
Porque ni para musas, ni para genias, ni para mujeres de andar por casa o fuera de ella es fácil hablar de ello. Tal vez, simplemente, porque a lo largo de toda nuestra historia, la vivida y la que no, alguien o muchos álguienes se empeñaron en que no pudiéramos hacerlo, en que el trabajo reproductivo no llevara asociado ni un céntimo para nuestros bolsillos, en que quedarse viuda significara no llegar a fin de mes con una pensión irrisoria por mucho que hubieras trabajado toda una vida al lado del que era tu marido, pero que desgraciadamente se olvidó darte de alta. Así eran las cosas entonces. Como también era que para abrir una cuenta de banco sin ellos tuviéramos que esperar hasta los años 80 y que en la actualidad cobrar menos por un mismo trabajo no llame la atención porque tu jefe logró inventarse otro de clase inferior puesto que al ser manso de corazón justifica que estamos haciendo distintas tareas y por eso se nos paga con otro monedero. Que ser artistas, creadoras, creativas y estar encadenadas a la condición de precariedad, sea la madre nuestra de cada día. Esto, y por supuesto mucho más, es la concepción económica de nuestras vidas. Las de antes y las de ahora. Nuestras vidas, digo, como mujeres.
Tal vez valorar el trabajo artístico de alguien sin hacer lo mismo con el trabajo profesional, choca de frente con la parte correspondiente que le toca a lo que viene siendo lo simbólico de lo económico, entrar en los suburbios del conflicto, sobre todo cuando de un lado, la fase creativa que lleva a encontrar respuestas para mejorar las condiciones del otro o de la otra quedan abortadas en un sinfín de desmanes absurdos y carentes de un sentido crítico hacia el valor de lo artístico, en este caso del cuerpo como arte, en este reticente caso, del cuerpo desnudo de una mujer como arte atemporal para los sentidos de quien ve, quien disfruta o quien entiende, convirtiendo una vez más el cuerpo en objeto y no en sujeto.
He trabajado mano a mano con muchos artistas, mujeres y hombres que han creído en la confección de las obras como un proceso que aúna conocimiento, libertades y formas distintas de habitar el mundo, en este caso, el del arte. Con escuela y sin escuela, con bagajes propios, con el peso de la vida misma a lo largo de los años y las experiencias que una profesión como esta deja en el poso de la devoción. La plegaria en este caso sería que nadie relegue a nadie. Que las autorías se reconozcan o se desconozcan en su justa medida. Que repartamos, que creamos en la creación conjunta, porque a día de hoy, unos artistas se hacen con otros/as y estos últimos con los primeros/as. En la mayoría de las ocasiones no hay tú sin yo, ni yo sin él o ella. Sería demasiado egocéntrico armar una obra con una sola cabeza, un solo cuerpo, un único sentir. Realizar una obra de arte compleja requiere el ejercicio de lo común: técnicos, diseñadoras, videastas, empresarias, galeristas, curadores… personas con las que activar el pensamiento de una manera divergente y constructiva dentro de la realidad social que nos conforma. Desde ahí, el pensamiento se convierte en político, el cuerpo en un sistema de acción, y las emociones y los afectos en un desenfreno sin límite. Dejemos de lado las individualidades para caer en la cuenta de la fuerza que imprime ir de la mano de otros y otras. Ejerzamos nuestro derecho a compartir, a soltar, a nombrar: pintor, fotógrafo, modelo… ¿Quién hace la pieza? ¿Qué parte de la obra se cae si alguno de esos tres engranajes se suelta? Pensemos. Es bastante sencillo. Si quien posa no está, ¿hay obra? Si quien posa está y quién fotografía también, pero no hay pintor, ¿hay creación hiperrealista sobre el lienzo? Si quien pinta y quien posa están pero no hay obturador pulsado bajo el criterio de unos buenos ojos que ven más allá de la cotidiana puesta en escena, ¿hay imagen sobre la que después trabajar? Definitivamente NO. Reivindiquemos pues modelos de autoría que supongan algo compartido, no jerarquizado, sin prepotencia y sin ego, e incluso con la inclusión estratégica de lo incógnito. Sin embargo, parece difícil atreverse.
Mi equipaje profesional y lo que sale de esta materia prima llamada cuerpo, forma parte del ahínco, del tesón, del coraje y de la entereza a la hora de estar presente en determinados contextos. El conocimiento nutrido y cultivado por la presencia de otras muchas personas, no solo artistas, sino también educadores/as, madres y padres, ingenieras, amigos, diseñadores, artesanos, viandantes… todos y cada uno de los reflejos con los que me cruzo cada mañana y que hacen de mi día a día un espacio de creación y sustento. La red es lo que activa, el arte con acción es lo que nos mantiene vivos. Vivas. Y desde ahí se construyen obras, porque desde ese lado, la creatividad y la creación se impulsan y el proceso empieza, confiando que tal vez, nunca termine. Por eso, estas y otras reflexiones son el sustento por el que tengo que acercarme al arte y volcar a través de mis talleres un vaso desde el que derramar pensamientos conjuntos, miradas plurales, vivencias singulares y universales que hacen de lo artístico, la palabra y el movimiento un nuevo estado de creación. Algo que no se queda en la mera exposición, las cifras o las ventas. Arte para mover y remover, para atar y desatar, para construir y por supuesto deconstruir formas vetustas de relaciones encorsetadas entre las llamadas musas y los llamados genios. Pasemos a otra cosa por favor. Pasemos a otra cosa.
Inma Haro
Sesiones de Creatividad, Arte Plástico e Investigación del Movimiento
www.missharo.blogspot.com
