DIGNIFICAR EL FEMINISMO
¿Qué ocurre con la palabra feminismo?, ¿qué es lo que hace que muchas personas se posicionen manifiestamente como no feministas pese a no declararse racistas?, ¿por qué hablar de feminismo violenta e incomoda tanto?
DIGNIFICAR EL FEMINISMO
Tamara García
Cada vez tengo más clara la respuesta, pero me es imposible dejar de preguntarme por qué la palabra feminismo violenta. Ya han pasado las generaciones suficientes para que el feminismo se haya integrado mínimamente en la sociedad y así es, pero muy mínima y tímidamente, y es que aún resulta difícil escuchar a alguien declararse abiertamente feminista (y no me refiero al feminismo mainstream neoliberal de fácil consumo). Todo depende de los círculos en los que se encuentre cada cual, por supuesto de lo más o menos arropado que esté y de las ganas que tenga de tener que defender la perspectiva feminista ante las mismas acusaciones cansinas a las que recurren quienes sí se declaran como no feministas. Esto se debe a que el patriarcado con su palabra omnipotente ha dedicado mucho esfuerzo a malograr, desestimar, deslegitimar, desvirtuar y desgastar el significado del feminismo. La metodología utilizada es la misma en la que basa su poder: imponer el miedo. El miedo hacia todo lo que suponga desestabilizar y hacer tambalear los pilares de una cultura obsoleta en la que el machismo y la violación de los derechos humanos fundamentales son los ejes principales.
Como artista es difícil no sentir el peso de una cultura en la que la mujeres están en un segundo lugar, en la que te sientes en el grupo de las que no forman parte de la Historia del Arte, de las que no están en los museos porque parece que nuestro trabajo esté destinado únicamente a exponerse en circuitos alternativos; una cultura que premia al sexo ganador y que precariza el trabajo del resto. Cuando asimilas que tienes una etiqueta que siempre te acompaña, que utilizan para calificar tu profesión y que es la de tu sexo de mujer, artista mujer, o peor aún, mujer artista, entonces empiezas a darte cuenta de que es necesario posicionarse y luchar juntxs, una lucha individual y colectiva por un cambio que cada cual debe hacer desde donde pueda y mejor le oigan.
Acción realizada en L’Estruch. Fàbrica de creació de les arts en viu de Sabadell , 2017
La acción “Dignificar el Feminismo” surge a raíz de una invitación para participar en una exposición colectiva, solo de artistas mujeres, un 8 de marzo. Esta práctica ya habitual en las instituciones en las que solo en dos fechas anuales se nos convoca a las artistas para dar visibilidad a nuestro trabajo, es un ejercicio que en principio surgió con una finalidad reivindicativa pero, con el tiempo, se ha convertido en muchos casos en una treta que solo contribuye a limpiar la imagen institucional en lo que respecta a la paridad expositiva que no se prolonga el resto del año, con lo que al final este juego de doble cara revierte de forma negativa en las artistas y trabajadoras del arte.
Decidí aceptar dicha invitación con la condición de poder elegir la pieza que se expusiera. La propuesta fue aceptada y una semana antes de la inauguración me comunicaron que la obra no podía ser expuesta. Obviamente había sido censurada. La pieza presentada era una pintada en la pared con la frase: “DECIR NO SOY FEMINISTA ES IGUAL QUE DECIR SOY RACISTA”. Con ella reclamo buscar la raíz y el sentido etimológico de las palabras.
Hemos asimilado el significado de la palabra racista, que no es un vocablo tan antiguo o, al menos, no recuerdo que su aceptación popular haya sido algo reciente. Hacia 1992, con el fin del apartheid sudafricano, se empezó a penalizar el racismo y se promovieron políticas para erradicarlo. A partir de aquí se creó un estigma social asociado a los que se describen a sí mismos como racistas. Hoy en día ya nadie se define como abiertamente racista, aunque su pensamiento o su comportamiento (aprehendido y asimilado) sí lo sea, aunque en la actualidad estemos presenciando el apartheid europeo. En cuanto detectamos que algo puede identificarnos como tal, enseguida se subsana el malentendido o se pide disculpas por ello, aunque en muchos casos no haya sido superado. Esto es parte de la asimilación, el aprendizaje y la evolución.
Entonces, ¿qué ocurre con la palabra feminismo?, ¿qué es lo que hace que muchas personas se posicionen manifiestamente como no feministas pese a no declararse racistas?, ¿por qué hablar de feminismo violenta e incomoda tanto?. En la mayor parte de los casos siento que es una mezcla de ignorancia y miedo, cuando no se trata de un claro posicionamiento machista o cuando, afortunadamente, se busca superar el binarismo de género y dar un salto más allá. Sería conveniente repasar el significado etimológico del feminismo no desde las explicaciones y justificaciones patriarcales de palabra omnipresente, sino desde un estudio lo más plural posible que analice su historia, su evolución, su transformación y sus múltiples luchas. No resulta fácil saber qué es el feminismo si solo te acercas o buscas superficialmente, ya que la información se encuentra malograda de antemano. Lo ideal sería acudir a diferentes fuentes, por suerte, cada vez más abundantes, sobre el o los feminismos, su posicionamiento, su historia, su forma de estar y ser.
El feminismo da tanto miedo porque sigue ahí a pesar de todo y porque no solo busca la igualdad entre sexos y la no discriminación por razones de orientación sexual, color de piel o clase social; el feminismo quiere más, propone un cambio y una regeneración social. Es una utopía y es un cambio real, es rebeldía y revolución.
Por todo esto, siento que es necesario continuar haciendo todo lo posible para dignificar el feminismo, ya que vivimos en una sociedad que sigue haciendo oposiciones binarias de género beneficiando solo a uno, que con su imposición de la normalidad solo visibiliza la heterosexualidad, que a pesar de reconocer la homosexualidad sigue haciendo distinciones para que los gays no tengan la misma visibilidad y reconocimiento social que las lesbianas, transexuales, bisexuales o queers, que continúa siendo una cultura falocéntrica, eurocéntrica, racista, que asfixia, castiga, penaliza e impone el miedo.
Casi tres años después de aquella propuesta expositiva y posterior censura, se me ha vuelto a presentar la posibilidad de exponer en una de esas fechas señaladas del año, esta vez el 25 de noviembre. En esta ocasión, la elección de la fecha ha resultado más oportuna, ya que era en el marco de una convocatoria y un contexto muy diferentes, así que decidí no perder la oportunidad de presentar el trabajo que estaba realizando durante mi residencia artística. Siendo una fecha para mí tan señalada y teniendo en cuenta que el horario de la convocatoria me impedía poder participar en otros actos, de nuevo vuelvo a plantear la propuesta de realizar una pequeña acción consistente en hacer la pintada con la frase. Me dirigí al curador explicándole lo que quería hacer, el por qué y los antecedentes. Hice la propuesta tímidamente, dando opción a que si no era posible hacerlo directamente en la sala de presentaciones, lo haría en la pared de mi estudio o incluso con un material que luego se pudiese borrar bien. Esta vez fue él que me apoyó, diciéndome que si quería hacerlo tenía que ser en la sala, en la pared y con el spray, tal como lo tenía pensado desde el principio, porque esa era la pieza. El curador medió con el centro para que pudiera disponer de la pared e incluso dejar durante un tiempo la pintada en la sala para que en otros eventos con diferentes públicos se pudiera visualizar.
Esta vez la situación fue diferente y me sentí arropada, aunque yo misma hice uso del miedo al no plantear desde el principio una única posibilidad de obra, ese mismo miedo que nos hace reconocernos víctimas de un sistema que oprime y que he vuelto a ver reflejado en diferentes discursos una vez hecha la acción, como el no posicionamiento o preferir no involucrarse en el tema para no ser identificado/a con una etiqueta que desprestigia o marginaliza (así que mejor no opinar y mantenerse al margen, en silencio) e incluso decir que es una obra violenta, pese a que la violencia no está en la obra, sino en lo que genera en cada uno/a cuando se tiene que enfrentar al reconocimiento y la aceptación del feminismo sin aproximarse al significado y contexto de la obra y, por tanto, sin entender su origen ni qué es lo que sucede. Si, entre otras muchas situaciones, el desconocimiento y el miedo priman al acercarse a esta pieza, no puede dejar de sorprenderme el hecho de que nos violentemos cuando de ningún modo queremos que se nos reconozca como racistas, pero no hacemos un esfuerzo por comprender el feminismo, acuñarlo y dignificarlo.
Tres días después de realizar la acción la pintada fue tapada, no borrada y repintada la pared, sino cubierta por una tela negra de grandes dimensiones, como un telón. Yo me enteré cuatro días después, me lo comentó el curador el cuál tampoco estuvo presente cuando se tomó la decisión. Al día siguiente, comencé una pequeña investigación para saber por qué habían cambiado de opinión y tras preguntar al personal del centro por lo sucedido la conclusión es que todo fue una confusión en la gestión de la sala, que en un principio estaba destinada a ser un espacio expositivo donde los artistas muestran sus trabajos y el resto de usuarios conviven con las obras. Al día siguiente la coordinadora de la sala me comunicó que la pintada había sido destapada y que permanecería expuesta durante todo el mes de diciembre. La pieza continuó expuesta y en la sala se desarrollaron diferentes eventos con ella presente, como talleres con alumnos de secundaria y primaria o la comida de Navidad para los trabajadores de la institución se celebró con la pintada de fondo.
Creo que mientras el miedo y la ignorancia pese sobre nosotrxs es pertinente seguir realizando esta acción en espacios expositivos donde el público se vea forzado a enfrentarse al reconocimiento de algo que nos incumbe profundamente. El feminismo no es hembrismo ni tampoco violencia; la violencia la ejerce sobre nosotrxs la cultura machista con su persistente violación de derechos humanos. No es radicalismo, sino aceptación, pluralidad y diversidad. Es rescatar la memoria, asumir las diferencias, cuidar, amar y reír, reír de verdad y por encima de todo juntxs.
El feminismo es red y nosotrxs las rederas que debemos seguir tejiendo, zurciendo y remendando las redes desgastadas haciéndolas más fuertes. ¡Estamos juntxs en esto!
http://tamara-garcia.com




