
Marián Cao, Aprender a mirar. Feminismos y prácticas artísticas, Madrid, Ediciones Cátedra, 2025. 367 páginas.
Desde el inicio Marián Cao (Vigo, 1964) deja claro que este es un ensayo posicionado desde la experiencia y donde se pone el cuerpo. De ahí que a menudo emerjan experiencias docentes dentro y fuera de la Universidad, en instituciones artísticas y otros espacios alternativos, las más importantes para la autora las implicadas en metodologías y procesos de arteterapia. Y a jalones, que su cuerpo aparezca situado como creadora, madre e hija, y ciudadana comprometida con la educación, la paz y el feminismo. Haces de una trayectoria coherente que arrancó desde la necesidad de encontrar el vínculo entre ética y estética.
Al tiempo, Aprender a mirar en el plano teórico es la continuidad de libros, como Para qué el arte: reflexiones en torno al arte y su educación en tiempos de crisis (2015), Aletheia, contra el olvido (2017), En busca de la levedad(2020), Dibujar en pandemia (2021), Bajo la superficie (2021), Sobre lo desconocido en el arte (2022), El artista como aedo (2024), por no remontarnos más atrás, hasta los años noventa en la larga estela de sus publicaciones. También es parcialmente una revisión y ampliación de artículos publicados en medios académicos e incluso prensa general. Y finalmente, una decantación última de su pensamiento acerca de qué es el arte, dónde hunde sus raíces y el por qué y para qué de la creación. Cuestiones siempre abordadas desde el lado de lectores/contempladores partícipes.
Trenzando estos mimbres, teoría y práctica, reflexión y compromiso, creación y contemplación, en una escritura siempre clara, didáctica, analítica y amena, emocional, por momentos muy viva, humorística y sarcástica, y en ocasiones, dramática, este ensayo se distribuye en tres partes: mirar de otro modo; deconstruir el arte violento, reconstruir el arte como vinculación humana; y crear de otro modo.
Y si insisto en el término “ensayo” es porque en estas páginas hallamos varias tesis radicales. Como el convencimiento de que la tradición artística canónica es expresión de la violencia, salvo contadas excepciones pero, sobre todo, vehículo y baluarte de dominación y exclusión. Que el arte no es el consuelo ante la crueldad de la vida para individuos aislados, sino vínculo y reunión entre las vidas de seres humanos engarzadas desde el pasado al porvenir. Y que la creación considerada como un continuo de la experiencia estética hunde su origen en el seno materno, se desarrolla en el ámbito de los cuidados y es siempre experiencia de completud compartida. En conclusión, un alegato contra el arte institucionalizado y mercantilizado en estos tiempos de profunda crisis, desde la que Marián Cao ofrece abrir una ventana a un horizonte de emancipación.
Rocío de la Villa













