CATACLISMO

SILUETAS  DE LA RESISTENCIA EN BURNING VILLAGE DE KARA WALKER   

SILUETAS  DE LA RESISTENCIA EN BURNING VILLAGE DE KARA WALKER

Sofía Ángela Albero Verdú

Cuando la artista Kara Walker nació en 1969, no habían pasado más de 5 años desde la aprobación en Estados Unidos de América de las leyes de Derechos Civiles y Derecho de voto que prometían la igualdad jurídica entre personas negras y blancas. De pequeña dibuja figuras con una tiza blanca sobre el asfalto frente a la puerta de su casa y luego, su padre, también dibujante, documentaba la escena. Desde Stockton, California, migró al sur del país con su familia en plena transición entre su infancia y su adolescencia. Tal y como ella lo describe, se mudó a un nuevo territorio con un trasfondo aterrador, cargado tanto de mitología como de realidad en torno a la esclavitud y la segregación racial. No en vano, la huella decimonónica del ejército confederado, las plantaciones algodoneras, el Ku Klux Klan, el Old South en definitiva, todavía destilan inconcebibles brotes de violencia racista que siguen teniendo que ser contestados a día de hoy. Kara Walker crece y estudia en Atlanta, una ciudad significada por Martin Luthern King Jr y por su papel en el movimiento a favor de los Derechos Civiles, con activistas como Rosa Parks, la abogada Pauli Murray o la pedagoga Dorothy Cotton a la cabeza.

Todas estas circunstancias dan contexto y profundidad a su complejo trabajo lleno de historias que podemos ubicar temporalmente en algún momento del s. XIX cerca de o en conexión con las plantaciones del Sur, como Tara de Margaret Mitchel (Lo que el viento se llevó) o Candy Land de Quentin Tarantino (en Django desencadenado). Se reproducen en sus obras momentos desconcertantes, épicos y escenas paranoides que reflejan los horrores del esclavismo, resonancias de la Guerra de Secesión y pesadillas de unas vidas marcadas por el sometimiento, la crueldad y la violencia. Recorta la cartulina negra previamente dibujada con golpes certeros de cuchilla que dejan ángulos vivos y afilados. Utiliza múltiples técnicas como el dibujo, el grabado, la animación o la porcelana entre otros procedimientos, en papel o en metal por ejemplo, que dan una gran riqueza formal a su pulcra producción. Los detalles minuciosos, la línea, el blanco y el negro son imprescindibles líneas conductoras de su trabajo.

El vehículo de sus representaciones es la figura humana en acción. Como sucede en el cine o en el teatro de sombras chinescas, a través de siluetas puede acercarse al lado oscuro del alma. Introduce lo inesperado en narraciones compuestas por extraños episodios encadenados con reminiscencias históricas, donde los roles amo/a-esclavo/a se trastocan, se subvierten. Hay intentos de intercambiar el poder entre unas figuras y otras a las que no podemos mirar a los ojos pero que sí reconocemos a través de una representación exagerada de los rasgos estereotípicos raciales.

En 2002 con motivo de su participación en la Bienal de San Paulo la autora explicaba cómo estas composiciones crudas y oscuras responden a reinterpretaciones del mundo que le ha sido dado como mujer artista negra afrodescendiente. No es difícil imaginar a Nina Simone interpretando su Backlash Blues mientras rellenamos los huecos de significado en nuestra mente al admirar sus obras. A veces la ficción es la única vía por la cual las atrocidades pueden volverse digeribles cuando aún se conserva la cordura.

La actual exposición de Kara Walker en el MACA de Alicante es la más completa dedicada a esta magnífica artista internacional hasta el momento en España, con obras de la Colección Michael Jenkins y Javier Romero (MACA) y una serie de piezas traídas desde Nueva York para la ocasión. Su título proviene de la obra Burning African Village Play Set with Big House and Lynching (Aldea africana en llamas con casa grande y linchamiento) que, según indican desde el MACA “es un extraordinario juego escultórico de 22 figuras creado en 2006 que reúne imágenes estereotipadas de los estados del Sur en la época de la Guerra Civil de Estados Unidos: una mansión en una plantación, afroamericanos esclavizados, soldados confederados y bellas sureñas… en una narración caótica, con muchos argumentos posibles, pero que nunca termina bien”.

Una especial mención merece el espacio dedicado a la mediación educativa donde se encuentra un set de propuestas para reflexionar y abrir el diálogo sobre diferentes aspectos. Los colores de piel en los seres humanos (inspirado en el proyecto Humanae de Angélica Dass), la prevalencia de la esclavitud moderna con un mapa que geolocaliza los puntos calientes de esta lacra en el Globo, un espacio para jugar con las sombras de nuestras manos y la posibilidad ofrecida a las personas visitantes de compartir sus propias experiencias de discriminación en relación al género, la raza y la religión. Comisariada por Rosa Castells se pudo  visitar en MACA hasta el día 7 de septiembre. Y en el IVAM de Valencia estará desde 25 de septiembre hasta 22 de marzo 2026.

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