LA PINTORA PELIRROJA VUELVE A PARÍS, UNA FANTASÍA LITERARIA SOBRE REMEDIOS VARO
última novela de Amparo Serrano de Haro

LA PINTORA PELIRROJA VUELVE A PARÍS, UNA FANTASÍA LITERARIA SOBRE REMEDIOS VARO
África Cabanillas Casafranca
Entrevistamos a la historiadora del arte y escritora Amparo Serrano de Haro con motivo de la reciente publicación de su sexta novela, La pintora pelirroja vuelve a París, que firma bajo el pseudónimo de Ara de Haro, en la colección Literaturas de Alianza Editorial. La pintora protagonista de este libro es un personaje histórico, Remedios Varo (1908-1963) ―a la que la autora dedicó una biografía en 2021―, pero es también una imagen, una ensoñación, una fantasía literaria.
¿Por qué sigue siendo importante hablar de Remedios Varo? ¿Por qué después de escribir una biografía de ella has decidido dedicarle una novela, un libro de ficción?
Durante mucho tiempo, Remedios Varo pasó solo de perfil por la historiografía del arte. Primero, porque como toda pintora mujer no fue valorada. A lo que se añade, que como exiliada y por causas políticas de un país, España, que sufrió cuarenta años de una cruel dictadura, empeñada en borrar la huella de toda la gente ilustre que se había opuesto a Franco, su nombre fue intencionalmente silenciado durante mucho tiempo.
Pero también hay que señalar que ella misma no deseaba la “fama” y la notoriedad del modo que es habitual percibir en el caso de las carreras profesionales de los pintores masculinos. En parte, porque, para ella, quizás su vida de artista se bastaba a sí misma, era valiosa en sí misma, de un modo directo e íntimo. Varo daba más importancia a factores personales de su propio desarrollo anímico y como creadora que al reconocimiento social: su propia obra era, a sus ojos, algo que existía más a nivel privado que público.
Además, es importante explicar que su forma de vivir, su vida en lo tocante a sus relaciones sentimentales y sexuales no seguía el patrón convencional: tuvo en distintos momentos varias relaciones a la vez. Esto en el caso de una mujer de su época era considerado algo inaceptable, reprobable, y era juzgado casi como un crimen o una aberración mental. Estas convenciones la obligaron a moverse siempre con cautela y silencio.
Estos dos últimos puntos requieren de una finura psicológica más fácil de expresar en una obra de ficción que en una biografía histórica.
Junto a todo esto, hay una serie de preguntas sin responder sobre su vida, y sobre las que, por el momento, solo podemos especular, ya que carecemos de la documentación suficiente. Ahí es donde, desde la ficción, les he dado las respuestas que me parecían más probables. Algunas de esas preguntas son: ¿Perteneció Remedios Varo a la resistencia contra los nazis?¿Qué hizo durante esa misteriosa ausencia de tres meses en Canet-Plage? ¿Por qué, cuándo y a resultas de qué rompió su relación con el pintor Victor Brauner? ¿Qué la impulsó a volver a París en 1957, precisamente cuando su obra empezaba a despegar crítica y económicamente y por primera vez en su vida tiene dinero?

¿A qué hace alusión esa vuelta a París de Remedios Varo que aparece en el título? ¿Por qué has elegido ese momento, muy breve, de apenas unos años de su vida?
En realidad, la novela recoge solo tres momentos de la intensa relación de Varo con París, que incluye un total de cinco viajes a la capital y dos viajes a distintos lugares de Francia. Casi todo el mundo sabe que ella y Benjamin Péret viajaron a París huyendo de la guerra civil española y, posteriormente, también huyeron desde París a Marsella en 1941 (donde estaba la plana mayor de los surrealistas y muchos refugiados que esperaban visados para salir del país). Pero menos gente conoce, ya que es más misterioso, aunque consta documentalmente, el viaje de Varo en el año 1940 a Canet-Plage, cerca de Perpiñán. También, y esto no aparece en el libro, ella había estado en París dos veces en su juventud: una justo antes de casarse con su primer marido, Gerardo Lizárraga, en 1929, y otra con él en 1931; esas dos estancias no salen en la novela.
Mi libro recoge el periodo más largo e intenso que pasó la pintora en París, cuando llega en 1938 y se queda hasta 1941. Incluye también una descripción ―imaginaria y puramente de ficción― de su estancia de tres meses en Canet-Plage, cerca de Perpiñán, que es, por lo general, un episodio olvidado o escamoteado en sus biografías. Finalmente, la novela narra su regreso a París desde México, casi veinte años después ―dieciséis para ser exactos― de su huida de los nazis, para unos cinco meses, en 1957. Ese viaje es una especie de última reunión con su familia, sus amistades, con sus recuerdos y sus amores ya que nunca más volverá, y muere solo seis años después, en 1963. Es un viaje tremendamente significativo, una especie de despedida, un cierre de lo que había sido lo más importante de su ciclo vital.
¿Qué papel juega la pintura de Remedios Varo en la novela?
Un papel, obviamente, muy importante. En primer lugar, en la constitución de su identidad. Al contrario del retrato habitual que se hace de estas personalidades femeninas, y al igual que ocurre con muchas de ellas, Varo no es una mujer que pinte, es una artista que es mujer. La identidad artística de Varo es esencial para entender todo lo que hace y cómo lo hace: sus reacciones, sus gustos y disgustos, incluso, me parece a mí, sus relaciones sexuales y amorosas, que se guían por patrones complicados de admiración, emulación, búsqueda de “inspiración” y deseo de complicidad artística. En segundo lugar, la novela ha buscado emular la estructura pictórica de sus cuadros (algunos de los cuales aparecen “retratados”, descritos o aludidos verbalmente en la novela), que, si nos fijamos, y estoy hablando de los que realiza en los años cincuenta, en la llamada “década prodigiosa” de Varo, tienen una estructura circular. En esas obras, nos encontramos con un tipo de encuadre singular en el que existe un elemento central en torno al que se organiza la composición: una fuente, una mesa redonda, una columna, una serie de ventanas o aperturas y, más comúnmente, una torre… La novela también tiene una estructura circular, jugando con su división en tres partes, y se puede leer en el sentido en el que vienen ordenadas o también al revés, empezando por el último capítulo, sin que por ello cambie su sentido, que aspira a ser una estructura circular como los cuadros de Varo. En último lugar, muchas de sus referencias iconográficas: los gatos, las casas abandonadas, la niebla, el misterio, la fuerza de los recuerdos, el nomadismo, las figuras fantasmales, los sentimientos de pérdida, el encuentro con uno mismo, aparecen en el libro.

Una vez más, como en La luna de Artemisia y El color de tu nombre, la protagonista del libro es una mujer artista real, que ha existido, es un personaje histórico. ¿A qué se debe esto? ¿Cómo lo valoras en tu obra?
Si tuviese que definir esas novelas, diría que son el resultado de ser una novelista enamorada de la imagen, de las imágenes, y, entre ellas, de la pintura, de las obras de arte. Cada obra es una historia, el testimonio de una vida humana, y un legado, un mensaje grabado en el tiempo que sigue buscando interlocutores. Profesionalmente trabajo como profesora de Historia del Arte y, como es obvio, me fascinan tanto las creaciones como los textos a los que dan lugar… El caso de la omisión de las pintoras dentro de la historiografía artística no ha sido solo una falta de obras, sino también de estudios, investigaciones o libros dedicados a ellas, de textos escritos que formen un canon o que las incluyan en el canon. Esa omisión, que muchas y muchos historiadores estamos ahora intentando compensar, a veces de forma apresurada, da lugar a un inmenso campo virgen de creaciones, de artistas, que requiere de interpretación, de historias e Historia, de obras e imágenes, y que son profundamente atractivos por su carácter novedoso y por lo que tienen de reivindicación de una herencia perdida que se debe ―y se está en camino de― lograr recuperar.

Ara de Haro, La pintora pelirroja vuelve a París, Madrid, Alianza, 2022.
