MODOS DE EXCLUSIÓN. OBRAS QUE SALEN Y VUELVEN AL DEPÓSITO
Historia y misterio de una colección: MAC, en Serrería Belga, Madrid

MODOS DE EXCLUSIÓN. OBRAS QUE SALEN Y VUELVEN AL DEPÓSITO
Rocío de la Villa
No terminamos de conseguir que la producción de las artistas se muestre, a la vez, a manera de intervención y en contexto en las Colecciones. Además de la guetización y minoración de «la salita» que ya hemos comentado en otras ocasiones, otro modo de exclusión es la exposición temporal de obra de artistas mujeres que forman parte de una colección y que lleva años en los almacenes y, de manera excepcional, se saca para una exposición temporal, ahora que el feminismo se ha puesto de moda. Obviamente, se trata de un blanqueo o pinkwashing en toda regla. Pues, si bien la ciudadanía, por fin, puede contemplar obras que en la mayoría de los casos desconocía, así como que pertenecieran a tal patrimonio; la dicha es breve, ya que en cuestión de semanas, tales obras volverán a la oscuridad de los depósitos y a su olvido. Pues, en esta lógica excluyente, lo que se nos viene a decir es que se trata de piezas con «calidad» insuficiente para desbancar a las de sus compañeros.
Que recuerde, en la última década el MAS de Santander fue el primer museo en llevar a cabo esta operación, en una exposición inaugural después de años de reforma. Al que siguieron no sólo museos estatales, de Comunidades Autónomas y Ayuntamientos, también exposiciones de Fundaciones privadas, generalmente sin catálogo, a veces ni siquiera con un programa de mano y, salvo excepción, comisariados erráticos, por no cargar las tintas que se llevó Invitadas en el Museo del Prado, a pesar del catálogo, congreso y convocatoria wiki. En la actualidad, al menos dos exposiciones en cartelera repiten este modelo: Creadoras en el MUPAM de Málaga, que muestra obra de artistas mujeres en la Colección del Ayuntamiento. Y en el reabierto Espacio Cultural Serrería Belga, Historia y misterio de una colección: MAC que, aunque no presenta solo obra de artistas mujeres de la colección del Ayuntamiento de Madrid, deja entrever sus zafias intenciones desde el título, al aludir a ese «misterio», que se ha publicitado en la nota de prensa resaltando como reclamo el elenco de artistas mujeres en la exposición. En realidad, 16 artistas mujeres de un total de medio centenar.
Además, viene precedida de polémica. Se trata de la primera exposición en la renombrada Serrería Belga, después de liquidar MedialabPrado, un proyecto necesario e incluso premiado en Europa que se dejó morir poco a poco hasta su eliminación. Y puesto que Andrea Levy, concejala de Cultura, Turismo y Deportes del Ayuntamiento de Madrid negó repetidamente que este espacio se destinaría a mostrar la colección de la que solo se exponen las adquisiciones recientes en el Centro Conde Duque, ha sentado mal que la primera exposición en Serrería Belga -cuya misión todavía no se ha definido- precisamente sea una selección de tal colección bajo rótulos tan manidos, ambiguos y vacíos como «Mito y realidad», «Figuraciones», «Gesto» y «Forma», además de unas interesantes cápsulas de vídeo a cargo de Cristina Garrido y Marta de Gonzalo y Publio Pérez Prieto, y una fotografía de Eva Bensasson en el cajón desastre «Ciudad». Eso sí, sin catálogo, ni programa de mano; incluso, algunas piezas, sin cartela. Por otra parte, el carácter eventual se acentúa en el proyecto museográfico que emula la situación de las piezas colgadas en los peines del almacén del museo.

Pero, para que no quede duda de sus «buenas intenciones» respecto a los insistentes reclamos de la ciudadanía, el recorrido comienza con una «salita» de féminas representantes del «Realismo», donde solo dos piezas de artistas varones (Palencia y Francisco López, sin cartela) parecen comparsas junto a las de Menchu Gal, Isabel Quintanilla, Amalia Avia, Clara Gangutia, Ouka Lele y las escultoras Esperanza d’Ors y Marta Sánchez Luengo. Y las féminas también tienen protagonismo en la sucinta sección «Figuraciones»: con telas de María Luisa Sanz, Miluca Sanz y Carmen Calvo. En cambio, su presencia escasea en las otras dos secciones, dedicadas a la abstracción: gestual, más amplia, pero solo con sendas telas de Juana Francés, María Droc (sin cartela) y Marta Cárdenas; y formal, con Ana Buenaventura y Miren Doiz. Subrayando el prejuicio sexista y esencialista de fondo, según el cual, las mujeres estarían más apegadas a la biografía, lo particular y lo mímético en el arte mientras que «los hombres tendrían una tendencia natural hacia la conceptualización, a hacer trabajos objetivos y de carácter universal», como certeramente nos recuerdan Amparo Serrano de Haro y África Cabanillas en su reciente volumen Orgullo y prejuicio. En torno al arte de las mujeres.

El hecho de que el comisariado haya corrido a cargo de la propia directora del Museo de Arte Contemporáneo madrileño, Mª Ángeles Salvador, indica una vez más la importancia de que la formación en historiografía y teoría feminista del arte sea un requisito impescindible para los cargos de dirección y conservación en museos y colecciones públicas, o semipúblicas como las Fundaciones. De haber sido así, Salvador no habría incurrido en tal error de bulto. Y posiblemente, tampoco mantendría tal posición acomodaticia al albur de los caprichos de los políticos que, tras décadas, siguen sin dotar de espacio y medios al MAC madrileño y persisten en destruir buenos proyectos como el desconfigurado Matadero Madrid y el ya añorado MedialabPrado, sustituyéndolos por engendros como este.
Historia y misterio de una colección: MAC, Espacio Cultural Serrería Belga, Madrid. Del 1 de diciembre al 26 de febrero 2023.
