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#49

JUANA FRANCÉS, DE LOS ALMACENES A LA SALA

la exposición en MACA reivindica la importancia de su legado

JUANA FRANCÉS, DE LOS ALMACENES A LA SALA

Isabel Tejeda

El MACA inauguró hace unos días su tercera exposición dedicada a la pintora Juana Francés, en esta ocasión con el subtítulo Atravesar la materia de improviso; de esta artista el museo tiene la fortuna de conservar uno de los cuatro lotes del gran legado que la alicantina dejó en herencia tras su fallecimiento en 1990 a distintos museos y colecciones españolas localizados en ciudades con las que mantenía vínculos emocionales y biográficos. Los cuatro lotes son similares respecto a la representación de épocas y discursos plásticos.

Para la región que la vio nacer Juana Francés preparó dos lotes: uno de ellos fue a parar al IVAM, museo que por entonces arrancaba su andadura; la donación de entrada fue certera ya que durante los años siguientes el IVAM fue uno de los más interesantes y punteros museos europeos de arte moderno y contemporáneo. Lo dirigía entonces la tristemente desaparecida Carmen Alborch, teniendo al timón, junto a un joven Vicent Todolí que regresaba de haberse formado en el MoMA de Nueva York, a un grupo de jóvenes conservadores y conservadoras cuya relevancia se pone en evidencia por los museos y centros de arte que han dirigido en toda Europa. La actual directora del IVAM, Nuria Enguita, era una de esas conservadoras.

El segundo de estos lotes fue a parar a la colección que había donado Eusebio Sempere a la ciudad de Alicante, lo que sería el germen y el alma del actual MACA, un pequeño y bello museo con una exquisita colección en la que nos hemos formado varias generaciones de profesionales del arte alicantinos. Gracias Sempere, siempre.

Los lotes restantes viajaron a Zaragoza y Madrid. Aragón estaba en el proceso de crear una institución dedicada al estudio y conservación de la obra de Pablo Serrano, la pareja de vida de Juana Francés, así la pintora demostraba su agradecimiento y su afinidad con esas tierras. El lote madrileño descansa en la ciudad en la que Francés se formó y pasó la mayor parte de su vida, concretamente en los almacenes del Reina Sofía, otro museo que en 1990 estaba en un proceso de tránsito, en este caso de centro de arte hacia su conformación actual, museo con colecciones.

La generosidad demostrada por Francés se pone más en evidencia si comparamos su donación con las de otros colegas de profesión que para hacer efectiva la entrega de sus piezas al patrimonio de todos y todas suelen acordar a cambio que se genere un museo que reúna su obra, o al menos una sala monográfica dentro de la institución. Así lo exigió Marcel Duchamp en el Museo de Filadelfia, Brancusi en las colecciones francesas (hoy su atelier está reconstruido en el Pompidou), la familia de Joaquín Sorolla en el museo que el Estado abrió en 1925 en su residencia madrileña, o la de José Guerrero en Granada a principios del milenio.

Como digo, al haber donado su colección sin exigir nada a cambio, no todas las instituciones se han sentido obligadas o han tenido la sensibilidad de escuchar su voz, de estudiar, exponer, e incluso de hacer algo tan sencillo como producir colectivamente el catálogo razonado de su obra. Sí lo han hecho las instituciones más pequeñas de Zaragoza y Alicante. El MNCARS o el IVAM, los museos que cuentan con riñón presupuestario y con los espacios que precisaría la producción de una muestra retrospectiva que pusiera en valor y contextualizara la obra de Juana Francés, treinta años después de recibir la herencias guardan casi sin desprecintar el legado de la artista alicantina. La situación es tan sorprendente que en cuando trabajé con obras de Juana Francés para A contratiempo. Medio siglo de artistas valencianas, 1929-1980 en el IVAM, desde la dirección del museo se sorprendían de la calidad de un metacrilato de los años 70 y, sobre todo, se extrañaban de no conocerlo.

En estos momentos nos encontramos con un posible cambio de paradigma ya que el MNCARS se encuentra en el proceso de reformulación de su colección permanente. No me consta, puedo estar equivocada, que la obra de Juana Francés haya participado de algunos de los relatos que los distintos directores y directoras que han pasado por la institución han presentado para la colección permanente. La permanente es, junto con una marcada política de exposiciones temporales, la más importante aportación y huella que desde esta institución ha hecho cada uno de estos profesionales a la historia del arte. Montajes de la colección ha habido muchos: el primero, de María Corral, fue algo polémico; otros han sido poco ambiciosos al seguir a pies juntillas los manuales de nuestra historia del arte más reciente; los hay que se quedaron en el tintero como el de Juan José Lahuerta; finalmente es preciso citar las distintas formulaciones que ha llevado a cabo Manolo Borja durante más de una década al frente del museo, a mi entender el único display que ha intentado situarse dentro de lo que denominamos museografía crítica. Espero que las declaraciones de Borja Villel sobre que los feminismos y las artistas mujeres van a estar más presentes en la colección se hagan realidad y que uno de los hitos que ilustre este cambio sea la inclusión de la obra de Juana Francés dentro de las colecciones permanentes del MNCARS, tal y como hizo el pasado año con las artistas pop españolas.

El IVAM, por su parte, bajo la dirección de José Miguel Cortés llegó a presentar en prensa, y así lo recogía en su momento el diario Información, un futuro caso de estudio con la obra de Juana Francés que vendría a comisariar mi colega María Jesús Folch; nunca se llevó a cabo ni se explicó por qué. Pese al buen hacer de Folch, como demostró sobradamente en su exposición sobre Ana Peters, este formato resulta pertinente para atravesar un determinado momento de un artista (como se hizo por ejemplo con Miquel Navarro), pero no tanto para generar un proyecto retrospectivo de artistas que han tenido una abundante producción artística. Falta ambición cuando de artistas mujeres se trata.

Vista de sala en MACA. Fotografía de Juan Peiró

Quizá no haga falta en Alicante, pero deseo dar unas pinceladas de por qué me parece fundamental que la obra de Juana Francés esté presente en las salas de nuestros museos y por qué considero obligada una muestra retrospectiva de gran calado. Esta pintora, aparte de haber generado una interesantísima obra figurativa a principios de los años 50, fue fundadora junto con otros colegas de su generación como Saura, Canogar, Millares, Feito etc., del grupo El Paso; este colectivo supuso una bocanada de aire fresco en el arte que se producía en España como alternativa a la vuelta al orden que se proponía desde las plataformas institucionales franquistas. Francés fue, por tanto, una figura fundamental del regeneracionismo artístico que experimentó España a finales de los años 50 (utilizo la palabra regeneracionismo de forma intencionada debido a que El Paso miraba tanto a los informalismos europeos y al expresionismo abstracto americano como a la tradición de la llamada Escuela Española de Pintura que ha estudiado brillantemente Javier Portús). Es decir, miraban hacia fuera pero desde la presunta diferencia hispánica que había pontificado la Generación del 98.

Pero es que Juana Francés no sólo participó de esa renovación, sino que también recogió el relevo de aquellas artistas que durante los años 20 y 30 supusieron la primera generación profesionalizada del Estado español. Creadoras que tras la Guerra Civil, o bien se resguardaron en una especie de exilio interior, como Ángeles Santoso debieron abandonar España por razones políticas, como Maruja Mallo, Manuela Ballester y tantas otras. Nuestras españolas de los años 20 y 30 fueron mucho más que simples creadoras plásticas; su presencia en la escena pública supone una parte esencial de la modernización que durante esos años experimentó España en la línea de otros países de su órbita. Es decir, durante una etapa de la dictadura especialmente cruda, los años 50, Juana además de liderar la renovación plástica fue un hito frente a la escasa presencia de las españolas como sujetos activos en los medios de comunicación, en las exposiciones tanto nacionales como internacionales,  en el debate creativo, etc.

Además de dar las gracias a Rosa Castells, directora del MACA, por su excelente labor y su sensibilidad ante la obra de Juana Francés, deseo que este artículo sirva de llamada de atención para aquellos museos que conservan obra de la pintora. A mi entender tienen la obligación moral de visibilizar su obra en sala. Incluir a esta artista dentro de sus discursos posibilita un relato más genuino de cómo fueron los años 50 en el arte español. Porque Juana Francés participó en las más importantes citas que nos visibilizaron en el exterior como las Bienales Hispanoamericanas, la Bienal de Sao Paulo o la Bienal de Venecia, así como en relevantes exposiciones colectivas de los años 60 en el Guggenheim de Nueva York o en la Tate Gallery de Londres. Las artistas españolas no pueden seguir estando infrarrepresentadas en nuestros museos. El ejemplo de lo que ha ocurrido con la polémica exposición Invitadas en el Museo del Prado pone en evidencia que las actuales generaciones de creadoras, de historiadoras y, en general, de españolas y españoles, no vamos a aceptar que se siga ninguneando nuestro pasado, nuestra genealogía cultural.

Juana Francés, «Atravesando la materia de improviso», MACA, Alicante. Del 9 de marzo al 6 de junio 2021.