NI UNA MÁS
Ante el descenso en el presupuesto destinado a erradicar la violencia machista y la carencia de medidas contra la discriminación sexista confirman el «terrorismo de Estado» contra las mujeres, reclamamos educación y cultura feministas
Dos días después de la multitudinaria manifestación celebrada el 7 de noviembre en Madrid y otras ciudades para que la violencia machista sea considerada cuestión de Estado, cinco muertas más. No tenemos palabras para expresar el dolor, la indignación y la rabia. Pero sí para denunciar el descenso en el presupuesto destinado a este capítulo y la carencia de medidas contra la discriminación sexista durante la última legislatura que, por fin, termina. También el incumplimiento sistemático de la Ley Orgánica de Igualdad de 2007. El gobierno de Rajoy se ha pertrechado en la aplicación de la ley cuando le ha convenido y se ha ufanado públicamente de dotar “con cero euros” cada uno de los últimos cuatro años en el Presupuesto del Estado para otras partidas imprescindibles para la convivencia democrática.
Porque al final es una cuestión de vida y muerte, de libertad o de sumisión, tantas veces hemos insistido en la implementación del Art. 26 de la Ley de Igualdad, donde se ordena la discriminación positiva en el ámbito de la cultura y las artes, una de las claves para erradicar la violencia machista. Comenzando desde el principio: abordando el repertorio visual, cuyo poder simbólico es incalculable para la educación continua de jóvenes y ciudadanos, con la revisión de las colecciones y programaciones en los museos. Tampoco es de recibo que 8 años después de haber sido promulgada la Ley de Igualdad solo un 7’5% de los contenidos en la enseñanza básica y secundaria correspondan a aportaciones al saber, a la ciencia y la cultura aportados por mujeres, como denunciaba una pancarta portada por un joven en la pasada manifestación con la proclama «por una educación feminista».
Ocultar el patrimonio en femenino y ningunear a las mujeres que trabajan hoy en la cultura y el arte son también proyecciones de lo que ya muchxs denominamos “terrorismo de Estado”.
Rocío de la Villa

