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LA FUERZA CATENARIA. ENTREVISTA A MANUELA PEDRÓN NICOLAU

Entrevistamos a Manuela Pedrón Nicolau, componente del Colectivo Catenaria, seleccionado para Inéditos 2014 con su proyecto expositivo «Be virus, my friend»

“Guerrilla de expectación”, Manual de Comportamientos Incívicos en el Museo, Colectivo Catenaria, 2012

 

LA FUERZA CATENARIA. ENTREVISTA A MANUELA PEDRÓN NICOLAU
Desirée Martínez

Entrevistamos a Manuela Pedrón Nicolau, componente del Colectivo Catenaria junto a Elena Fernández-Savater y Marta Echaves, con motivo de haber sido seleccionadas para Inéditos 2014 con su proyecto expositivo Be virus, my friend, el cual podremos encontrar en La Casa Encendida hasta el 7 de septiembre de 2014.

¿Cómo nace el Colectivo Catenaria y cuál es vuestra trayectoria hasta el momento?

En marzo de 2011, cuando estábamos acabando la carrera, nos agrupamos algunos alumnos –al principio éramos ocho personas– de Historia del Arte y Filosofía de la Universidad Autónoma de Madrid. Nos dijeron que en la Tabacalera necesitaban gente para organizar unas salas y sirvió de empujón para crear el colectivo que ya venía pensado de atrás. Luego resultó que en la Tabacalera no necesitaban a nadie, sino que tenía un par de salas a las que no le estaban dando uso. Fue un chasco por una parte porque queríamos apoyar ese espacio y trabajar en que funcionase, pero también es cierto que programar para una sola sala es muy limitado, así que decidimos crear un colectivo independiente y no depender de ningún espacio. Pensamos entonces hacer un proyecto usando esa sala y organizamos una primera exposición (Concatenados) en torno a la idea del trueque y el intercambio de obras. Resultó ser una experiencia bastante divertida de fin de carrera, fue el verano de 2011 coincidiendo con el 15 M y fue una locura. Después empezamos a hacer trabajos por nuestra cuenta, quedándonos seis chicas finalmente. Organizamos un ciclo de actividades que no llegó a salir y en 2012 nos apuntamos a un seminario en el Museo Reina Sofía que organizaba Subtramas, una plataforma sobre el estudio de la imagen. Los participantes del seminario podíamos presentar nuestros proyectos y nosotras organizamos Manual de Comportamientos Incívicos en el Museo, que era un trabajo colaborativo con toda aquella gente a la que le interesara analizar las normas de conducta en el museo de forma totalmente empírica y organizamos varias acciones que están todas registradas en el blog: http://amanolonolegustaque.wordpress.com/. Aquí concebimos varias sesiones de trabajo en las que íbamos al museo con todos los que venían –el grupo iba variando en cada acción– y diseñábamos distintas estrategias para estudiar esas formas de conducta. También organizamos una charla entre personas que habían estudiado de forma más académica y formal todo este tema. Presentamos el proyecto en la zona de investigación de Subtramas a finales de 2012. Desde entonces no nos habíamos vuelto a reunir, el trabajo de Catenaria es bastante intermitente. En octubre de 2013 volvimos a quedar Elena, Marta y yo –las que continuábamos en Madrid– y decidimos presentarnos a Inéditos.

¿Diríais que Catenaria tiene unos ideales concretos?

Creo que la idea que en un principio compartíamos todos –además de no saber qué hacer– fue buscar una alternativa a las prácticas no remuneradas, una forma de empezar a investigar qué tipo de profesionalización en el mundo del arte queríamos, que fuera alternativa a las prácticas de las galerías y los museos, que era lo que hacía todo el mundo y que nos parecía que no te formaba tanto ideológica como profesionalmente. Entonces, por un lado, funcionó como una forma de aprendizaje y, por otro lado, también teníamos en mente la figura del comisario, que no teníamos claro lo que era, pero a todos nos parecía divertido, aunque al mismo tiempo la idea que teníamos en ese momento –los comisarios de un museo– tampoco nos interesaba. Pensábamos en qué era un comisario, qué se podía comisariar, qué no, en la idea de empezar con una exposición extraña, seguir con actividades, acabar haciendo una cosa quizá más educativa o pedagógica –como es el caso del Manual de Comportamientos…– para volver a hacer una exposición, pero siempre cuestionándote cuáles son tus labores como comisario. Esta era una pregunta que tuvimos desde el principio: qué es un comisario, qué tipo de comisario quieres ser y si quieres reinventar la idea.

¿Os definiríais entonces como comisarias independientes?

Creo que sí. Había un momento que hablábamos de “comisariado experimental”, un ejercicio para aprender y para ver qué se podía hacer y experimentar. El Manual de Comportamientos… era más una acción, un proyecto de investigación colaborativa, no era comisariado, pero al mismo tiempo estábamos hablando de públicos y pensábamos en la exposición, nos metíamos en los espacios expositivos del Reina Sofía, no era estar en el jardín. Era una acción para pensar en futuros comisariados y hacernos una imagen de lo que era el público y las conductas.

Inéditos 2014 es vuestra primera experiencia como comisarias en una institución. ¿Qué ha significado para vosotras formar parte de ella? ¿Cómo está siendo vuestra experiencia en La Casa Encendida?

Aprendes cómo funcionan las instituciones por dentro, cómo es trabajar con una institución como externo. Yo tuve una experiencia previa con Jaime González Cela en Barcelona (Comisart) que suponía trabajar con la colección de La Caixa. Inéditos me aporta el trabajar con artistas directamente, con obras muy recientes. Las obras son totalmente específicas para la exposición, no tienen una materialidad fija, entonces el trabajo de diálogo con los artistas ha sido bastante intenso, pero a la vez muy interesante. También todo lo que es trabajar con la empresa de producción de montaje, prever todos los gastos, todo lo que necesitas, es muy duro, pero aprendes mucho. Ha sido mucho trabajo, a veces parecía que no había una institución detrás.

¿Por qué el tema del virus?

En primer lugar, cada una de nosotras seleccionó un listado de artistas que le interesaban en general y fuimos viendo dónde estaban los puntos de conexión. Poco a poco fue creándose un núcleo: nos interesaba la idea de investigar las formas de colaboración y participación, que era algo que siempre habíamos trabajado en Catenaria y era como una línea que estaba bien seguir analizando y que unía nuestros intereses. Entonces, nos pareció que la idea del virus podía ayudarnos a plantear una forma de participación en la exposición que intentase escaparse de la idea participativa instrumentalizadora, de circo. Nos parecía interesante esa idea de viralidad, que las obras pueden ser replicadas, se pueden utilizar, llevar a otros ámbitos y reproducir siempre que quieras. Son propuestas, pero si no quieres hacer nada el proyecto tiene entidad por sí mismo, tú te lo puedes apropiar y desarrollarlo, pero vas a la sala y aun así entiendes cómo funciona, no hace falta que estés trabajando para que se complete la obra, no es ese tipo de participación, sino que es más una participación por contagio. De esa forma también podíamos unir formatos muy distintos, desde vídeos que tienen esa idea de que tú puedes reproducir esa acción hasta cosas más materiales. La obra de Declinación Magnética, por ejemplo, tiene una parte en la que tú te puedes sentar y dibujar si quieres. La exposición tiene muchas capas de lectura.

He entendido que con este concepto de lo viral habláis también del contagio de ideas, del uso que se hace de ellas en Internet, que las ideas posiblemente estén dejando de tener dueño… ¿por qué creéis necesario hablar de este tema en el arte contemporáneo?

Queríamos investigar formas de comunicación, la comunicación viral viene de una preocupación personal de cada una, de cómo nos relacionamos a través de Internet, cómo se relacionan nuestras ideas, cómo se crea cultura en Internet y que todo eso al final te influye como creador. Creo que los artistas con los que trabajamos no pensaban que su obra estuviera en una exposición en que el tema fuera este. Respecto a que las ideas no tengan dueño, considero que las ideas se replican, se modifican, las coges, las copias, las modificas, las vuelves a lanzar y otra persona las puede también tomar como propias. Cada obra propone una viralidad diferente, la de Virginia Lázaro Villa tiene esa idea más abierta, la de Daniel Silvo –con las instrucciones de doblar el dinero– es bastante concreta y –aunque se viraliza como una forma de expansión– al final no muta tanto la idea, puedes aprender a hacer otras figuras de papel. La tesina sobre los protocolos de actuación de los mossos de escuadra de la que parte la obra de Núria Güell ya era un viral en sí mismo, ya estaba distribuyéndose por Internet desde hacía tiempo y nos parecía interesante analizar cómo un viral así entra en el mundo del arte.

Catenaria 2Vista de la exposición Be virus, my friend, Inéditos 2014, La Casa Encendida

Si lo viral es la metáfora de nuestro tiempo, ¿de qué crees que estamos contagiados?

Creo que estamos contagiados de esa cultura viral y de la idea de compartir contenido. Se habló mucho sobre el tema de la autoría, pero al final ya se ha visto que la viralidad y compartir contenido no van en contra de ella, sino que se trata de producir más contenidos y de abrir la información. Yo ya venía investigando desde mi trabajo fin de máster todo el tema de las prácticas colaborativas en Internet y de la cultura hacker, y prácticas de este tipo que llevan desarrollándose desde los sesenta y ahora las ves en la calle, son la recuperación de formas de procomún anteriores, no son nuevas. Esa idea del contagio se expande a la cultura, las formas culturales como las recetas se van pasando por contagio y se van modificando, cada uno en su casa las va haciendo a su manera. La difusión cultural siempre ha sido por contagio, quizá Internet y crear otra imagen de cada individuo nos ha hecho repensar otra vez todas esas formas de compartir.

¿Cómo se relacionan las obras de la exposición con Internet?

Prácticamente creo que todas las obras –menos la de Declinación Magnética– tiene una forma específica en Internet, puedes tener un contacto con esas obras a través de Internet porque están pensadas para ser difundidas, su formato digital ya era interesante. Nos proponíamos qué aportaba la muestra, por qué hacer algo así y con la obra de Virginia (Iconoclastia 2: Herramientas) era interesante, tiene todo un manual de comportamientos subversivo-agresivos –cómo subvertir las conductas para crear un espectador totalmente opuesto a la norma, totalmente agresivo– y la obra era un experimento, en formato manual, donde ella te invita a descargarte unas pegatinas en Internet para pegarlas sobre unos ladrillos y utilizarlas sobre obras de arte si quieres. Pensamos en cómo sería si las materializabamos y estuvieran en la sala. Aquí en lugar de utilizar los martillos, ladrillos y cerillas sobre otras obras de arte, a los cinco minutos de inaugurar la gente empezó a coger martillos y a reventar los ladrillos.

Catenaria 3Vista de la exposición Be virus, my friend, Inéditos 2014, La Casa Encendida

¿Y eso no estaba pensado previamente?

Sí. Lo que nos ha pasado con La Casa Encendida es que nosotras pensábamos que trabajaban de forma más consciente en relación a sus limitaciones como espacio institucional. Nosotras desde el primer momento expusimos qué obras creíamos que entraban en conflicto con el espacio expositivo convencional y quizá con las medidas de seguridad de la exposición, y esta era una de ellas. Ellos dijeron que no nos preocupásemos, que luego la gente nunca toca nada. Desde el primer día de montaje allí estaban los ladrillos, mazas y cajas de cerillas, y nadie pensó que iba a pasar algo. La obra es eso, Virginia estaba encantada, pero a los diez minutos se empezaron a poner nerviosos por si podía caerse la gente y yo no quería interferir en el trabajo del guardia de seguridad. La jefa de sala también se puso muy nerviosa y a los tres cuartos de hora de la exposición ya nunca más se pudo romper nada. Acabaron, incluso, echando a gente por quemar papeles. En realidad que rompieran la obra de Virginia me pareció interesante, porque ella lo había hecho para romper otras obras y al final la primera conexión mental que la gente había hecho –sin leer las pegatinas– fue romper los ladrillos con los martillos. Fue como si Virginia probase su propia medicina.

Eso habla también de las conductas, de cómo comportarte en las salas de un museo y de los límites que tiene el espectador en ellas.

Sí, da mucho que pensar en ese sentido. Me sorprendió que en La Casa Encendida tengan la idea de que nadie toca nada en las exposiciones, ya que mi experiencia es que en todas las instituciones la gente está muy cabreada porque la gente no para de tocar las obras, es una lógica extraña. Hay muchas cosas para interactuar con las obras, con la de Núria Güell puedes fotocopiarte la tesina y hay gente que se fotocopia la mano, la cara…, pero luego sí que hay gente que se fotocopia la tesina. La gente está teniendo interés y se está acabando todo lo que habíamos producido. Teníamos miedo de que fuera una expo-flayer en la que no hubiera más que papelitos, pero creo que está teniendo sentido y la gente que se lleva algo es porque realmente le interesa.

Veo que en todos los proyectos de Catenaria pretendéis cambiar las reglas del espacio museístico, ¿os posicionáis entonces en contra de la sala convencional?

En contra no, creo que hay que ampliar las posibilidades. Es interesante que haya mucha diversidad de formatos y de perspectiva comisarial, y creo que también es importante que los espacios expositivos sean variados. En realidad, el espacio está ya más que abierto, no somos las primeras, pero sí nos gusta experimentar e intentar que el espacio responda a la idea que nosotras planteamos en relación a cómo presentar esas obras. Diría que nos interesa mucho la comunicación entre obra, artista, comisario, espectador y visibilizar toda la estructura que hay detrás de una exposición. Buscamos entonces líneas distintas, formatos diferentes y formas de conectar, y esto nos ayuda a hablar de comunicación y a ver cómo se relaciona todo.

¿Buscáis también que el espectador sea más activo?

Más que activo, consciente de su papel de espectador y de dónde está. Por eso pusimos la obra de Virginia al empezar la exposición y a la derecha la obra de Castagnino+macro (Recetas), luego no hay un discurso o recorrido concreto, pero sí queríamos que el espectador recibiera al principio estas dos obras para posicionarle como espectador. A partir de ahí, actúa como creas, como quieras. Nosotras mismas hemos sido espectadoras y piensas en las salas como algo cerrado y tampoco te planteas todas las personas que confluyen ahí. Igual que a un nivel más global me parece fundamental que seamos ciudadanos conscientes y saber en qué ámbito nos movemos, en una exposición es lo mismo: ser consciente de que estás ahí como espectador y qué quieres hacer.

¿Tenéis nuevos proyectos a la vista?

De momento no, estamos un poco dispersas. Elena está en Londres, Marta en Barcelona, yo aquí en Madrid. Pero todas tenemos en mente que en el momento que necesitemos la fuerza Catenaria nos organizaremos.