ROSA MASCARÓ Y EL CANTO DE LA SIBILA
Un sujeto amoroso, representado por la espalda desnuda de la propia artista, y un objeto de amor metonímicamente representado por la larga cabellera que le golpea la carne
Rosa Mascaró, La Dama d’Aragó, 2013. Videostill.
Alonso y Marful
El acceso al espacio Intersecció Art es como un cuello de útero. El visitante debe atravesar el estrecho canal de la sifonería para acceder a un espacio expositivo dulcemente exiguo que parece acogernos en su matriz penumbrosa. Al visitante que decida acercarse no lo decepcionarán ni el sabor alternativo del espacio, regentado por Uta Gritschke con la intención de aportar nueva savia al eje Palma-Berlín, ni la instalación que actualmente aloja.
A petición del o la interesada, el muchacho que atiende la bodega conecta el proyector y nos sitúa ante un video tensamente minimalista: la espalda desnuda de Rosa Mascaró (Manacor, 1961), artista mallorquina de sólida trayectoria multidisciplinar, dejándose encalar, pegada a un muro, con densos salpiconazos de materia blanca. Del otro lado del proyector, una larga cabellera de mujer, hecha de escobillas de palmito, parece invitarnos a sumar nuestras manos a la faena de emblanquinar la carne que parece ofrecerse, desnuda y a merced, para dejarse borrar por el azote de Eros hasta con-fundirse con la pared del fondo en un solo y unánime apagón luminoso. La resonancia de un duelo. Basta asistir a una vuelta del bucle videográfico para entrar de lleno en el corazón del drama. Un sujeto amoroso, representado por la espalda desnuda de la propia artista, y un objeto de amor metonímicamente representado por la larga cabellera que le golpea la carne. Ambas situadas en paredes antagónicas y simbólicamente enfrentadas. Ambas pivotando sobre el proyector que ocupa el centro y las reitera sin fin, como si toda pasión estuviera destinada a repetirse en otra y a repetir la lucha entre Eros y Thanatos en la infinita escena de la historia humana. ¿Qué es el amor, sino el lienzo de piel que se entrega al amante para que haga de él su territorio? En el aire, que huele a caldos de la isla vendidos a granel, una voz de mujer despliega las palabras de la canción popular que da título a la instalación: La dama d´Aragó.
Ai, amorosa, Anna Maria,
robadora de l’amor,
ai, amorosa.
Cada cabell una perla
cada perla un anell d’or,
cada anell d’or una cinta
que li volta tot el cos…
El carácter poemático de la pieza, que se reinicia girando en pantalla y canto, suma nuevas estrofas en la parte superior del recinto, llevándonos, esta vez, a una suerte de ascenso en la escala ontológica que nos muestra el amor en un enclave casi religioso. Un móvil de cuatro ejes enhebra en vertical un puñado de círculos con nuevas escobillas de blanquear, esta vez delicadamente recortadas sobre neulas de papel blanco. Iluminadas apenas por una bombilla de bajo voltaje, las escobillas proyectan sus contornos sobre la espalda-pared del fondo. Excepto que ya no hay carne. Sólo un puñado de luces desencarnadas. Temblor inmaterial. Penumbra estremecida por el baile del alma.
Los símbolos se abren. En el piso de abajo, amor-materia. En el de arriba, significativamente más recogido y oscuro, amor que suelta el lastre y se deja mecer en una danza incorpórea. Imposible obviar, en este contexto, la referencia a los cantos de la sibila que, en la liturgia mallorquina de la Navidad, entonaba sus profecías mientras dejaba caer obleas recortadas… ¿Será este el destino de todo amor? Esa es la pregunta que nos asedia cuando abandonamos el espacio de la galería y, atravesando la bodega, que ahora huele a ebrietas y a vino rojo, salimos a la calle de nuestra propia vida y acaso, solo acaso, pensamos que en toda cama hay una mandorla mística y en todo buen amante un ángel escondido que ha venido a enseñarnos la alquimia de las alas.
Hay ocasiones en que la filosofía parece abdicar de sí misma y refugiarse en el conceptual. Como esta intensa instalación de Rosa Mascaró nos indica, no es un mal refugio. Sobre todo cuando, además de filosofar sin grandilocuencias, el conceptual nos demuestra que sigue siendo posible acudir a una exposición para emocionarse.
Rosa Mascaró, La dama d´Aragó, Intersecció Art, C/ Santa Clara 4, Palma de Mallorca. Hasta el 13 de abril de 2013.
