CATACLISMO

LLUÏSA VIDAL, UNA VIDA POR Y PARA LA PINTURA

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LLUÏSA VIDAL, UNA VIDA POR Y PARA LA PINTURA
África Cabanillas Casafranca

Actualmente, y hasta el 15 de enero, puede verse en el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC) una exposición monográfica de Lluïsa Vidal. En ella se exhiben más de cincuenta obras, entre lienzos, dibujos e ilustraciones, realizadas por la pintora a finales del siglo XIX y principios del XX. Se trata de la cuarta de una serie de muestras temporales que este museo está dedicando a artistas cuya obra nunca antes había expuesto en solitario, pese a formar parte de sus colecciones y considerarse de particular relevancia en la cultura catalana.

En efecto, el MNAC posee un importante número de creaciones de esta pintora, la mayoría de las cuales fueron donadas a esta institución por Francisca Vidal y otros de sus hermanos. De ellas, al menos dos telas cuelgan habitualmente de las paredes del museo, en las salas de Arte Moderno: Autorretrato y Retrato de Marta Vidal. Junto a obras de dicha colección, se muestran en la exposición pinturas y dibujos que están, casi en su totalidad, en manos privadas, y de las que unas pocas se pueden admirar ahora por primera vez.

Lluïsa Vidal (1876-1918) fue la segunda hija de una acaudalada y culta familia de la burguesía barcelonesa. Su padre, un destacado ebanista y comerciante de objetos de lujo, y su madre, hija de un compositor de renombre, se preocuparon mucho de dar una amplia y cosmopolita cultura a sus once hijos. Las nueve hermanas disfrutaron de una formación poco habitual en la época, que abarcaba las artes plásticas, la música y la literatura, ya que la educación femenina tenía un carácter muy superficial que incluía las tradicionales artes de adorno y cuya principal finalidad era encontrar un marido adecuado. Y no solo eso. El padre animó a varias de sus hijas, en especial a Lluïsa, a que desarrollaran una carrera profesional y se valieran por sí mismas.

Lluïsa, que mostró una gran facilidad para el dibujo desde pequeña, empezó su formación recibiendo clases particulares de artistas amigos de la familia, como Enric Gómez, Josep Pascó y Arcadi Mas i Fontdevilla[1]. Con veinticinco años, tras realizar un viaje a París con sus padres a propósito de la Exposición Internacional de 1900, decidió completar su preparación en la capital francesa. Allí estudió unos trece meses, entre 1901 y 1902, en las academias privadas Julien y Humbert e hizo copias en el Museo del Louvre, además de visitar los Salones. Sin embargo, los problemas familiares causados por el matrimonio de una de sus hermanas sin el consentimiento paterno la obligaron a volver a Barcelona, donde siguió con su carrera artística. Continuó exponiendo en la ciudad condal, en particular en la Sala Parés, galería en la que mostró su pintura por primera vez en 1898, y participando en certámenes. Aparte, en 1907, y con el fin de ayudar a sostener económicamente a su familia, empezó a realizar ilustraciones para diversas publicaciones y, un año más tarde, comenzó a dar clases particulares de dibujo y pintura a señoritas. Murió de forma prematura en 1918, víctima de la gripe española, a los cuarenta y dos años, cuando se encontraba en plena madurez artística..

Lluïsa Vidal dando clases en su academia de dibujo y pintura.

La obra de esta pintora, que sus estudiosas coinciden en calificar de muy completa, se centra en la representación de la figura humana: retratos y pintura de género, normalmente protagonizados por mujeres. Entre los primeros, sobresalen los retratos que hizo de sus hermanas y de Maria dels Àngels Condeminas de Rossich; entre los segundos, Amas de casa, La niña del gatito negro y La encajera de Blanes. En cambio, apenas cultivó otros géneros tradicionalmente atribuidos a las artistas, como el bodegón y la pintura de flores, ya que ella pudo sortear algunos de los obstáculos con los que se encontraban la mayoría de las mujeres que querían desarrollar una carrera artística profesional. Es decir, la falta de un espacio adecuado donde trabajar y la carencia de conocimientos de anatomía y composición. A diferencia de lo que solía ocurrir, Lluïsa disfrutó de un taller propio desde 1898 y aprendió a dibujar desnudo del natural en París. En cuanto a la técnica, utilizó el óleo sobre lienzo, además de ser una excelente dibujante, tanto al carboncillo como a la sanguina.

l-vidal-hnaLluïsa Vidal, Retrato de Marta Vidal, 1911. Óleo sobre lienzo, 180 x 141 cm. Museu Nacional d’Art de Catalunya.

La producción de esta artista se inscribe dentro del Modernismo catalán, en concreto, en la segunda corriente, que sucedió a la encabezada por Ramón Casas y Santiago Rusiñol, y que tuvo a Isidre Nonell, Joaquim Mir, Julio González y Pablo Picasso como sus principales figuras[2]. En sus cuadros son características las pinceladas rápidas y sueltas, que dan como resultado un estilo espontáneo, vibrante y desenvuelto. Igualmente, destaca la luminosidad de los colores, en la que se hace patente la influencia de los impresionistas franceses y de Joaquín Sorolla.

Sin duda, uno de los aspectos más interesantes de la vida de Lluïsa Vidal fue su lucha por llegar a ser una pintora profesional. En ello fueron fundamentales el apoyo de sus padres y su determinación personal, como demuestran el hecho de que siempre persiguiera una formación artística seria y rigurosa, lo que la impulsó a estudiar en París, y que decidiera no casarse, pese a que tuvo varios pretendientes en su juventud. Una profesionalización que se hizo todavía mayor a partir de 1902, cuando la situación familiar empezó a deteriorarse, primero, por el matrimonio de una de las hermanas sin el consentimiento del padre, después, por la muerte de otra hermana: Carlota. Entonces, el padre empezó a tener serios problemas mentales, se separó de su esposa y disminuyó su aportación económica al hogar. Circunstancia que obligó a nuestra pintora a conseguir mayores ingresos con los que ayudar a su madre y hermanos. Como hemos dicho ya, desde 1898 expuso su obra de forma regular, sobre todo, en la Sala Parés, la galería privada más importante de Barcelona. También participó en certámenes de Barcelona y Madrid, en los que ganó algunos premios, por ejemplo, una mención honorífica en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid de 1906 por el lienzo Amas de casa. Además, contó con una abundante clientela de la alta burguesía catalana e incluso recibió un encargo oficial del Ayuntamiento barcelonés para hacer el retrato de la poeta Josepa Massanés. Por último, desarrolló otras facetas relacionadas con la actividad artística, como fueron la ilustración de revistas y de libros y la dedicación, con mucho éxito, a la enseñanza de la pintura y el dibujo.

l-vidal-ama-de-casaLluïsa Vidal, Amas de casa, 1906. Óleo sobre lienzo, 180 x 139 cm. Museu Nacional d’Art de Catalunya.

 

l-vidal-autorretrato-okLluïsa Vidal, Autorretrato, h. 1899. Óleo sobre tabla, 36 x 27 cm. Museu Nacional d’Art de Catalunya.

Otro relevante aspecto de la vida y la obra de esta pintora fue su feminismo, burgués y católico. De acuerdo con Marcy Rudo, su primer contacto con el movimiento de mujeres tuvo lugar en París, donde entabló amistad con las hermanas Dreyfus, una de las cuales era periodista y administradora de La Fronde, un diario escrito por y para mujeres[3]. De regreso en España, se fue acercado progresivamente a los círculos feministas barceloneses y en 1907, desde la aparición de su primer número, y hasta el cierre en 1916, colaboró con Feminal, suplemento mensual dirigido a las lectoras de la revista Ilustración Catalana, haciendo los dibujos para los cuentos y los relatos. De forma paralela, como hemos señalado más arriba, en su producción artística se observa un profundo interés por la representación femenina. Excepcional ejemplo de ello es la serie de dibujos que dedicó a mujeres relevantes de la cultura catalana, entre las que sobresalen los de la pedagoga Francesca Bonnemaison, la actriz Margarita Xirgu y las escritoras Carmen Karr, Dolors Monserdá y Víctor Catalá ─pseudónimo de Caterina Albert─; que presentó en la Sala Parés en 1914[4]. También participó de forma activa en otras muchas iniciativas relacionadas con la mejora de las condiciones de vida de las mujeres, algunas de ellas de carácter benéfico.

l-vidal-escritoraLluïsa Vidal, Retrato de la escritora Dolors Monserdá, 1914. Carboncillo sobre papel, 59 x 40,5 cm. Museu Nacional d’Art de Catalunya.

Lluïsa Vidal alcanzó un notable reconocimiento en la Barcelona de principios del siglo XX, siendo la mujer más valorada del Modernismo, aunque hubo otras destacadas pintoras dentro de este movimiento artístico, tales como Pepita Teixidor ─buena amiga de ella y con quien compartió exposición en la Sala Parés en 1909─, Visitació Ubach, Emília Coranty, Antònia Ferreras y Joana Soler[5]. No obstante, en lo que respecta a la difusión de su obra, cabe destacar que en los últimos años, aparte de ésta, solo ha habido otra exposición individual, en 2001, en la Fundación La Caixa: Lluïsa Vidal, pintora. Una mujer entre los maestros del modernismo; que fue comisariada por Marcy Rudo. Precisamente, de esta investigadora y de Consol Oltra, quien ha estado al frente de la organización de la muestra del MNAC, son las dos únicas monografías que existen sobre la pintora, publicadas en 1996 y 2013, respectivamente. Libros de los cuales, por desgracia, solo hay edición en catalán, no en castellano, lo que dificulta su divulgación en el ámbito español.

Aparte de que su obra tenga una escasa difusión hoy en día, Consol Oltra denuncia que muchas de las obras de nuestra pintora, que fue bastante prolífica, no están localizadas. De ahí que solo las conozcamos a través de fotografías ─generalmente en blanco y negro─, esbozos u otro tipo de documentos. Este lamentable hecho nos remite al problema de la obra perdida, tan habitual en el caso de las mujeres artistas, que consiste en que una gran parte de su producción se encuentra en paradero desconocido, descatalogada, deteriorada, olvidada en los almacenes de los museos y, en ocasiones, carente de firma que asegure su autoría. A ello, hay que sumar los errores de atribución, que en el caso de esta pintora llegan incluso al fraude, ya que se conocen varios ejemplos de manipulación de sus obras. Esto es, cuadros o dibujos que fueron cortados para hacerlos pasar por creaciones de otros artistas mucho más cotizados en el mercado, en particular, de Ramón Casas[6].

Si todavía no lo han hecho, aún están a tiempo de disfrutar de esta excelente exposición. Es una ocasión única de poder admirar la obra original de una mujer del Modernismo y de conocer a una pintora de una vida excepcional, marcada por la determinación y el coraje.

l-vidal-feminalLluïsa Vidal, Figurines, Feminal, diciembre 1009. Lápiz sobre papel, 50 x 64 cm. Colección particular.

 

LLuïsa Vidal. Pintora del modernismo, Museu Nacional d’Art de Catalunya, Barcelona. Del 23 de septiembre de 2016 al 15 de enero de 2017.

 

Bibliografía:

Oltra, Consol, Lluïsa Vidal. La mirada d’una dona, l’emprenta d’una artista, Barcelona, Edicions Salvatella, 2013.

Oltra, Consol, Ibarz, Mercé, Lluïsa Vidal. Pintora del modernismo, Barcelona, Museu Nacional d’Art de Catalunya, 23 de septiembre de 2016-15 de enero de 2017, Barcelona, Museu Nacional d’Art de Catalunya, 2016.

Rudo, Marcy, Lluïsa Vidal, filla del modernisme, Barcelona, Edicios La Campana, 1996.

 

Notas:

[1] Consol Oltra, «Ultra moderna entre los modernistas», en Consol Oltra, Mercé Ibarz, Lluïsa Vidal. Pintora del modernismo, Barcelona, Museu Nacional d’Art de Catalunya, 23 de septiembre de 2016-15 de enero de 2017, Barcelona, Museu Nacional d’Art de Catalunya, 2016, pág. 33.

[2] Marcy Rudo, Lluïsa Vidal, filla del modernisme, Barcelona, Edicios La Campana, 1996, pág. 78.

[3] Ídem, págs. 129-132.

[4] Consol Oltra, «El estudio-El mundo», en Consol Oltra, Mercé Ibarz, Lluïsa Vidal. Pintora del modernismo, Barcelona, Museu Nacional d’Art de Catalunya, 23 de septiembre de 2016-15 de enero de 2017, Barcelona, Museu Nacional d’Art de Catalunya, 2016, págs. 154-159.

[5] Marcy Rudo, Lluïsa Vidal, filla del modernisme, Barcelona, Edicios La Campana, 1996, pág. 92.

[6] Consol Oltra, Lluïsa Vidal .La mirada d’una dona, l’emprenta d’una artista, Barcelona, Edicions Salvatella, 2013, pág. 14.

 

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