CATACLISMO

A PROPÓSITO DE CLARA PEETERS EN EL MUSEO DEL PRADO

vanitas_painting_selfportrait_most_probably_clara_peetersClara Peeters, Vanitas, ca. 1610

A PROPÓSITO DE CLARA PEETERS EN EL MUSEO DEL PRADO

Rocío de la Villa

Por fin, después de doscientos años, se celebra la primera exposición en el Museo del Prado de una pintora: la flamenca Clara Peeters, especialista en bodegones, que ejerció durante las primeras décadas del siglo XVII. No quedan de ella muchas más noticias, incluso se duda de sus fechas de nacimiento y muerte. No existen registros con el nombre de Clara Peeters en los gremios de pintores en Flandes. Tampoco en el gremio de Amberes, que había comenzado a incluir mujeres desde 1602, por lo que bien podría haber sido registrada, dado que se cree que nació y durante un tiempo trabajó allí y dos de sus paneles contienen marcas de Amberes. Pero sí tenemos casi cuarenta cuadros acreditados, de los que nuestra pinacoteca conserva cuatro, todos fechados en 1611, de excelente factura. En esta pequeña pero gran exposición con quince cuadros de Peeters, a ellos se suman otros once: fechados entre 1611 y 1621, proceden de colecciones particulares (seis), instituciones del norte de Europa (tres), Inglaterra (uno), y Estados Unidos (uno). A Peeters se la considera pionera en el género del bodegón en los Países Bajos, tanto por su estilo realista como por su innovació en introducir nuevos elementos, por ejemplo, pescados y vegetales de ultramar..

clara_peeters_-_bodegon_pradogavilan_01Clara Peeters, Bodegón con gavilán, aves, porcelana y conchas, 1611.
Óleo sobre tabla, 52 x 71 cm. Museo del Prado.
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En seis de los cuadros incluidos, se puede apreciar un elemento característico de los bodegones de Peeters: la inclusión de retratos -posiblemente autorretratos- reflejados en miniatura en alguno de los objetos de metal representados, que quizás podemos interpretarlos como una firma adicional. Como se detalla en esta exposición, en Bodegón con flores, copa de plata dorada, almendras, frutos secos, dulces, panecillos, vino y jarra de peltre los reflejos en la copa de plata y la jarra de peltre muestran a la artista con un tocado, un gran cuello y un vestido de hombros altos. Otros como Bodegón con pescado, vela, alcachofas, cangrejos y gambas, Bodegón con arenque, cerezas, alcachofa, jarra y plato de porcelana con mantequilla, Bodegón con quesos, almendras y panecillos, y Bodegón con quesos, gambas y cangrejos de río muestran tan solo la cabeza de la artista reflejada en las tapas de las jarras. Bodegón con flores, copas doradas, monedas y conchas refleja, en la superficie de la copa de la derecha, hasta seis autorretratos de Peeters en los que se muestra con pinceles y paleta, según el comisario Alejandro Vergara, jefe de Conservación de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte del Museo del Prado, “reafirmando su condición de mujer pintora y animando al espectador a reconocer su existencia”. De manera que, con esta argucia y ostentación de dominio técnico, Peeters se sumaría a las pintoras de su época, desde Sofonisba Anguissola, especialmente interesadas en el autorretrato, como demostración de su dedicación profesional a la pintura.

clara-peeters-detalle-carasc3a9tailClara Peeters, Bodegón con flores y cálices (detalle), 1612. Staatliche Kunsthalle, Karlsruhe.

Bienvenida esta primera exposición en el Museo del Prado de una pintora, a pesar del jarro de agua fría del director del museo, Miguel Zugaza, en su presentación a la prensa: “Cuando decidimos organizar esta exposición no era consciente de que se trataba de la primera vez que el museo la dedicaba a una mujer. Nos alegramos mucho por este hecho, pero no se trata de una perspectiva de género, sino de calidad”, según las declaraciones recogidas por la agencia Europa Press y difundidas en varios medios. Con este posicionamiento, amparándose en el viejo y ya periclitado “criterio de calidad”, Zugaza ha cerrado toda vía para cuestionar el retraso de nuestro principal museo histórico respecto a otros: Tate, Louvre, etc., y por tanto, asumir un planteamiento decidido y responsable como respuesta consecuente a la ya asentada y muy desarrollada historiografía feminista surgida en los años setenta del siglo XX.

Y estas declaraciones precisamente a propósito de Clara Peeters, cuyas obras inspirarían a la pareja formada por Wilhelmina Cole y Wallace F. Holladay en 1987 a impulsar en Washington el National Museum of Women in the Arts, NMWA, que hoy posee más de tres mil pinturas, esculturas y otras piezas artísticas creadas por mujeres. Su base de datos recibió el nombre de Clara, en honor a su inspiradora, Clara Peeters.

Además, parecen cerrar toda posibilidad del necesario giro en el programa museográfico de nuestra pinacoteca. Y esto en un doble plano: en su colección y en sus exposiciones. En cuanto a su colección, actualmente no llegan a cuatro decenas las pintoras de las que el Museo del Prado tiene alguna obra. De ellas, sólo dos, Peeters y Sofonisba Anguissola son mostradas habitualmente en el recorrido de la colección, con más de mil obras. A pesar de que el museo tiene obras de otras pintoras destacadas, como Artemisia Gentileschi, Angelica Kauffman, Vigée Lebrun o Rosa Bonheur, entre las extranjeras.

En una visita que realizamos algunas artistas, historiadoras y críticas en representación de MAV, Mujeres en las Artes Visuales, hace cinco años a los almacenes del Museo del Prado pudimos comprobar el mal estado de conservación telas y papeles de otras pintoras españolas: Isabel Sánchez Coello, Ana Maria Mengs, Julia Alcaide, Adela Ginés y Ortiz, María Luisa de la Riva… En algunos casos, por su suciedad, las imágenes oscurecidas eran apenas apreciables; incluso vimos telas rajadas: una experiencia impactante, nadie espera que en nuestro museo principal haya obras en tan mal estado de conservación. Y por lo que ha afirmado Miguel Zugaza, si depende de él y del actual Patronato, así seguirán por mucho tiempo. O dicho de otra manera, el Museo del Prado se desentiende de ese exiguo “patrimonio femenino” que custodia, cuando su obligación, si fuera un museo del siglo XXI atento al decisivo cambio historiográfico que han supuesto los gender studies, sería precisamente extremar su conservación material e intelectual, dado el escaso legado que ha heredado de obras de pintoras; además de intentar incrementarlo, como vienen haciendo desde hace tiempo otros museos y colecciones internacionales.

Por otra parte, tambien parece cerrarse el paso a posibles reconstrucciones históricas, que deberían ser encabezadas por el Museo del Prado junto a otras instituciones, como las Reales Colecciones del Patronato Nacional, la Biblioteca Nacional, el Museo de la Academia de Bellas Artes de San Fernando y los Museos de Bellas Artes provinciales. Con el fin de mostrar esa historia del arte realizada por mujeres en España, formada por más de mil artistas desde el siglo X hasta el fin de la Guerra Civil -como atestiguan los Diccionarios de artistas de Isabel Coll y de Vicent Ibiza i Osca-, presentando periodos, estilos, temas… para después integrarlas en la exposición de las diversas colecciones; reintegrarlas, en suma, en el relato histórico y en la memoria colectiva.

 

El arte de Clara Peeters, Museo del Prado, Madrid. Del 25 de octubre de 2016 al 19 de febrero de 2017.

 

clara-peeters-bodegon-pescado-1611Clara Peeters, Bodegón con pescado, vela, alcachofas, cangrejos y gambas, 1611. Museo del Prado

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